miércoles, 12 de abril de 2017

LA HIPOCONDRIA. UN TRASTORNO ASOCIADO TRAS EL DIAGNÓSTICO DE ESCLEROSIS MÚLTIPLE

Las personas afectadas por esclerosis múltiple pueden presentar, en ocasiones, trastornos asociados al padecimiento de su proceso de enferemedad. Esto es, que sólo por ser diagnosticadas de esta enfermedad, esclerosis múltiple, es muy posible y probable que desarrollen otros trastornos del espectro psicológico, que tal vez, no hubieran sufrido nunca. Los más comunes, o al menos los más conocidos, son los trastornos de Ansiedad y Los Trastornos del Estado de Ánimo, La Depresión.

Sin embargo, existe un problema asociado también a los trastornos de la ansiedad, que están cada vez más presentes, y que nos expresan sobre todo, madres jóvenes afectadas por esclerosis múltiple, independientemente de su tipología, La Hipocondría.

Y si tuviera...

La Hipocondría es un trastorno que se nutre de la mala gestión mental y emocional que la persona hace de la incertidumbre y que se asocia o puede
Imagen extraída de La Mente es Maravillosa
estar asociada a la experiencia previa como antecedente o desencadenante, de una enfermedad de naturaleza orgánica, sobre la que la persona no tiene control sintomático sobre su proceso de enfermedad, o si lo tiene es muy escaso o débil. 
La esclerosis múltiple es una enfermedad propicia para aprender a ser hipocondríaco sin que la persona quiera serlo y sobre todo sin necesidad de aprenderlo, es decir, el aprendizaje no se basa en sí en cómo ser hiponcondríaco, sino que se basa en intentar gestionar y controlar el proceso de enfermedad que se deriva de los aspectos generadores de incertidumbre, y la esclerosis múltiple tiene muchos aspectos que pueden influir en la incertidumbre y por tanto en su génesis y mantenimiento.

Por tanto, identificamos el origen de la hipocondría como un pensamiento, preocupante y muy persistente que además de aparecer sin querer pensar en él, es generador de un gran malestar interno, que provoca que la persona se descompense emocionalmente por un miedo de alta intensidad, incontrolable y de naturaleza catastrófica y tremendista, el pánico. Este tipo de pensamientos persistentes llenos de incertidumbre pueden ser identificados bajo determinadas "coletillas semánticas" como por ejemplo (y si..., seguro que..., qué pasaría si...)

En este momento hay que dejar claro, que el sufrimiento que vive la persona bajo un cuadro psicológico hipocondríaco es real. La persona puede vivenciar cada síntoma temido, sin embargo la causa que atribuye bajo el miedo a la aparición del síntoma, es irreal.

¿Por qué es más común en las mujeres afectadas por esclerosis múltiple? 

 Sabemos que la esclerosis múltiple como enfermedad afecta más a las mujeres que a los hombres, en número de diagnósticos, porque parece comportarse más severamente en hombres que en mujeres. También sabemos que no hay a día de hoy, información clara, basada en la evidencia científica que determine que la enfermedad es hereditaria. Sabemos también que existen información que vincula la aparición de la enfermedad a otras causas como los herpes labiales, la varicela, etc causas que son consideradas en ocasiones y de forma única por las madres afectadas como causas determinantes, es decir como si fueran el origen de todo. Sabemos, que hoy día no tenemos control sintomático completo sobre la enfermedad y que la capacidad de predecir el curso y pronóstico, la aparición de los brotes o la intensidad percibida de los síntomas no esa bajo control de la persona afectada. Por tanto, sabemos y podemos concluir, que pese a cómo sea nuestro estado físico y mental, la esclerosis múltiple, es en sí una fuente de incertidumbre y miedos proyectados sobre el futuro y el estado de la persona en ese futuro, es por tanto como digo un generador de esas coletillas semánticas del y si...

Pero de las mujeres también sabemos que gestionan mejor que los hombres el componente emocional, se expresan mejor y tienen menos miedo a identificar aquellas cosas que les preocupan. Los hombres intentan solucionar sus temores, al menos al principio, por ellos mismos, sin implicar a nadie más. Esto me hace suponer que la enfermedad hipocondríaca, que también se da en el hombre afectado por la enfermedad, es menos reconocida y revelada al profesional de salud y como no, a su entorno más cercano, bajo la idea de (no estoy loco).
De forma que podemos argumentar, que tanto mujeres como hombres, son susceptibles de padecer hipocondría, siempre y cuando tengan un miedo muy intenso, casi irracional a la muerte, al sufrimiento y al dolor asociado a enfermedades orgánicas. A esto le añadimos, un exceso de responsabilidad sobre los suyos. En esclerosis múltiple está siendo más frecuente en mujeres porque expresan mejor estos miedos que los hombres

La pregunta es, ¿qué factores son los que influyen para que el miedo genere hipocondría? 
El círculo vicioso de la conducta hipocondríaca



 Desde el diagnóstico de la enfermedad crónica y progresiva, la persona afectada ha tenido una necesidad imperante de adelantarse al curso de su proceso de enfermedad, es decir de controlar la evolución de la misma, y todo lo que intentan hacer tiene ese único objetivo, evitar en la medida de sus posibilidades, la temida progresión física y la repercusión emocional que esta genera en el aspecto simbólico de la psique, es decir la imagen que se construye la persona de cómo cree que estará en un futuro. Esa necesidad de anticiparse hace que la persona afectada, haciendo todo lo posible por ella misma, intente controlar cualquier variable que pueda repercutir en su proceso de enfermedad. 

Controlar todo lo externo e interno obliga a la persona a ejercer un umbral de vigilancia mental y física sobre sí misma, cuando menos, agotador. El objetivo de tanto control no es otro que aprender a gestionar la incertidumbre y el miedo. Pero cuando este control se rompe por alguna preocupación, un síntoma, un proceso febril, taquicardia, sensación de ahogo intensa; algo en definitiva que la persona no había tenido en cuenta, todo el sistema de vigilancia que había generado cierta estabilidad se rompe. Así surge la preocupación persistente, un miedo que escapa al control de la persona afectada y que por escapar, no puede predecirse, ni qué causará ni cómo controlarlo y hacerlo desaparecer. De esa forma la persona empieza a percibir esa sensación incontrolable, la mente principal recurso no sabe enfrentarse a ese nuevo miedo, ni a la intensidad que está provocando, aunque la sensación percibida sea conocida.

Así cuando la persona comprueba que lo que está pasando escapa a su control, pide ayuda, generalmente a su profesional más cercano de confianza, a veces incluso a un dispositivo de urgencias, que con un diagnóstico ayudan a la persona a generar el nuevo control que había perdido. "No es nada grave, es tan sólo..." En ese momento la persona se tranquiliza baja una falsa seguridad es como si se dijese a sí misma "tranquila lo que tú no supiste controlar no es grave, te han dicho que es...." Pero esa sensación de seguridad es muy fluctuante y débil y la persona estará mentalmente pendiente de los síntomas que rompieron su estado de certidumbre y control. Y claro, focalizar la mente en algo, hará que tarde o temprano aparezca, tal vez incluso más debilitado que antes, pero aparecerá. Es así como la persona duda, de que lo que ella tiene, y lo que le han dicho que tiene, son dos cosas diferentes. En ese momento, necesita otra comprobación que a veces se establece yendo a un médico especialista de pago, o tan sólo buscando desde el ordenador de casa o la tablet en el sofá, sus síntomas. Cuando la solución es la primera la persona viajará nuevamente al circulo llamado "falsa seguridad". Pero cuando la solución adoptada es la segunda, la persona irá directamente al "nuevo miedo" que puede que no sea el que originó la primera vuelta a este círculo. Es entonces cuando la persona nos dice, "estoy convencida de que algo me pasa, y no saben lo que es" Cuánta incertidumbre nueva, a un proceso de enfermedad que ya genera mucha incertidumbre.

Las personas que están bajo la influencia de este proceso psicológico, intentan no ir en exceso a los profesionales de la salud por miedo a que sean diagnosticados de aquello que temen, alguna enfermad. Suelen programar sus períodos vacacionales buscando cerca un centro sanitario por si... ejerciendo así un falso control sobre la incertidumbre. Aprenden de Medicina términos diagnósticos (de difícil pronunciación y complejos) que comienzan a asimilar con síntomas que perciben y se hacen conocedores de la farmacoterapia asociada a los mismo. Todo esto lo hacen a través del uso de las Redes Sociales, sin verificar en ocasiones la procedencia de la información y su veracidad, y sí basándose en foros de respuestas de personas con idéntica situaciones o similares. Y cómo el miedo precisa control, para no sentirlo, identificarse con lo que se lee aunque no te esté ocurriendo, es la auténtica raíz de este problema. Y todo lo que sufren psicológica y emocionalmente por toda las sensaciones que experimentan físicamente, no las comparten con nadie, o con casi nadie. 

Así es cómo el proceso llamado Hipocondría Digital o cibercondria, (necesidad de autodiagnosticarse mediante las redes para generar control sobre el miedo), agrava un problema psicológico. 

Para intentar amortiguar todo este proceso de miedo, la persona adopta, en ocasiones, decisiones que no comentan a sus especialistas y que no son del todo beneficiosas para ella o para él. Abandonan en ocasiones los tratamientos prescritos, y adoptan otros bajo la suposición de ser naturales, o incluso no adoptan ninguno, por haber leído en la red, documentación sobre la nocividad de los tratamientos médicos en el organismo, su supuesto interés exclusivamente materialista, etc. haciendo de la duda, su propia certeza, es decir, dudando de todo lo que hasta ahora pudiera generar algo de control basan su nueva realidad "hipocondríaca"

Y qué es la Hipcondría Proyectada.

Es el proceso que la persona afectada elabora no sobre sí misma, sino sobre los suyos. En el mundo de la enfermedades crónicas, suele ser común que las madres, y los padres deseen que los suyos, sus hijas o hijos crezcan sin su proceso de enfermedad, cuando esta genera como en el caso de la esclerosis múltiple "dudas" sobre si es o no hereditaria.

La Hipocondría Proyectada se basa en el miedo que principalmente elaboran las madres asociado a que los síntomas que ellas vivieron antes de ser diagnosticadas, o los que conocen post diagnóstico, aparezcan en sus hijas e hijos. Es por tanto el miedo anticipado a que sus niñas o niños padezcan su misma enfermedad, dado que no hay evidencia excluyente sobre que no sea genéticamente hereditaria. 

De esta forma, los herpes labiales, los dolores musculares en las extremidades, algún problema de visión, por ejemplo, son signos de alarma que hacen a los adultos diagnosticados por la enfermedad, estar especialmente vigilantes, no sobre la salud de sus hijos, sino sobre sus posibles enfermedades. Además para amortiguar todo este proceso de culpa irreal y anticipada por si "mi hija o hijo pudiera tener lo que yo" la persona también hace todo lo posible, todo lo que esté bajo su responsabilidad para evitar que todas sus sospechas puedan ser ciertas. Ese exceso de responsabilidad vuelve a repercutir en la hipocondría como trastorno en la persona adulta, que se preocupa excesivamente desde el miedo, para intentar estar bien y así poder asegurar el estado de bienestar de los suyos, especialmente de sus hijas e hijos.

Cómo empezar a tratar la Hipocondría.

Es muy importante tratarla desde el principio, porque de no hacerlo, el complejo mundo de la #Ansiedad mutará. De forma que podemos cambiar de un trastorno hipocondríaco un trastorno obsesivo compulsivo, donde la conducta compulsiva se tendrá que ejecutar cuando la persona crea obsesivamente que el control se ha perdido, sufriendo tantísima angustia y ansiedad por ello, que repetirá tantas veces la conducta para gestionar mentalmente esa falta de control, de incertidumbre al fin y al cabo. Pero esto será otra historia, otra entrada.

 

 

 

 

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Alberto José Ruiz Maresca
Psicólogo General Sanitario.
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Granada, España.  





martes, 11 de abril de 2017

NADIE QUIERE JUGUETES ROTOS.



"Amé y quiero amar, pero dudo que me amen o quieran amarme. Cuanto amor desperdiciado en una frase y cuánto amor por dar y recibir sacrificado. Creo que será algo a lo que nunca llegaré y también creo que si llego, algún día lo perderé, pues no estoy segura que alguien me quiera sabiendo lo que puede pasarme" "por qué se casa conmigo si sabe cómo estoy" "Necesito saber que me quiere de verdad y que no está conmigo por pena" "Sé que me quiere, pero no sé si es feliz conmigo" "Nos queremos, al menos nos tenemos cariño y nos respetamos, pero no sé si esto durará, es duro vivir así"

Todas estas frases son literales de personas afectadas por esclerosis múltiple, a las que no cito ni tan siquiera con iníciales. Frases que recogen la necesidad y el miedo de amar y sentirse amadas y que la enfermedad ha hecho creer que su amor les convierte en un "juguete roto" como dijo Alicia Merino en respuesta a un twit. que me hizo pensar. Este es el resultado.

Y
 todos tarde o temprano, algún día, seremos un juguete roto. 

Al menos esta es la única conclusión inamovible a la que todos podemos llegar. Todos algún día veremos cómo se rompe nuestro propio juguete o cómo rompemos nuestro propio juguete. De forma que por nosotros mismos de forma fortuita, o por motivos ajenos a nosotros mismos y accidentales, algún día nos romperemos.

Toda la vida por delante significa mucho más que una frase. Vivimos para lograr un desarrollo como personas, en función de un proyecto vital que orientamos hacia la consecución de un objetivo casi trascendental, y que culturalmente nos ha sido impuesto bajo el supuesto estado de realización personal. Sed felices se ha convertido en un deseo y meta al que llegar, sacrificando en ocasiones, el estado actual respecto al estado idealizado que buscamos.

Y se tiene mucho tiempo en la vida, a través de sus diferentes fases y etapas evolutivas que nos sirven no sólo para crecer, sino también para ir preparándonos emocionalmente, donde cada uno de nosotros experimentamos de una forma u otra momentos de felicidad y también de infelicidad. Pero esta Sociedad nos ha preparado para vivir y no para enfermar, y mucho menos para morir. Nos educan en el concepto de salud más arcaico, el que se definía como ausencia de enfermedad, y o estás sano, o eres un juguete roto.
 Y justo cuando la madurez psíquica y física forma parte de nosotros, la felicidad que hemos ido consumiendo en los días que hemos ido vivido, y sobre la que hemos construido nuestros propios y legítimos sueños, se rompe sin avisar, sin tiempo para reaccionar, sin tiempo para asimilar la idea tan sólo de enfermedad, sin entrar a clasificar y conocer qué enfermedad es. Se pasa de la idealizada salud y estado de felicidad con un chasquido a un estado de enfermedad y ruptura de la misma. De ser el mejor de los juguetes a ser un juguete roto.

Y soñamos con trabajar, con formar una pareja estable o una familia, con la maternidad y la paternidad, con lograr el desarrollo personal que hemos imaginado cientos de veces en nuestros sueños, en los momentos de vida en los que fuimos consumiendo nuestra felicidad sin miedos y sin riesgos, cuando todo estaba al alcance de la palma de tu mano, soñábamos.

El amor, es un claro ejemplo de ruptura tras la propia ruptura del estado de salud. De sabernos queridos y amados, de querernos a nosotros mismos, de gustarnos y gustar, pasamos en ese chasquido de dedos a dudar de todos los que nos aman intimamente e incluso de si nos amamos o amamos la imagen de salud que se mantiene en nuestro recuerdo del pasado. De forma que desde la enfermedad, desde la persona afectada, el amor se contempla como un sacrificio que se hace hacia ellas, hacia la persona afectada, incluso desde la propia persona a sí misma. 

Sin embargo, ¿sacrificarías tu propio amor por la persona a la que decidiste amar en una circunstancia inversa a la que vives? ¿Amarías a tu ser amado estando afectado de alguna enferemdad, siendo un juguete roto? Tu primera respuesta es la que vale ese pensamiento de tan sólo unos segundos en tu mente consciente, esa es la respuesta correcta. La segunda es tan sólo una justificación porque la situación no sea así y sea como realmente es, tu afectada y ella sana.

Sabéis los que me vais conociendo, que le doy muchísima importancia a cómo construimos los pensamientos, de ellos se alimenta nuestra mente, y generamos actitudes concretas. "Nadie quiere juguetes rotos" es para mí una frase lapidaria que recoge realmente la auto-percepción de cómo se ve la persona afectada. Un juguete roto acaba siempre en un cajón, en la estantería más alta de todos o incluso en una caja. Pero que nadie quiera juguetes rotos es mucho más que eso, pues implica erradicar de la capacidad de decisión a la persona que cohabita con la persona afectada toda posibilidad de veracidad y credibilidad, de honestidad. Es decisión suya quedarse o irse. Y si se queda, no puedes justificar el argumento bajo ningún pensamiento, se queda contigo, no con tu enfermedad y se queda porque quiere quedarse, sin más.

Y si la decisión es de irse, estoy convencido y así se lo hago ver a todas las personas que en algún momento se vieron como juguetes rotos, que tarde o temprano, con o sin enfermedad, el amor acabaría rompiéndose. Tal vez no duela lo mismo un amor roto sin la presencia de una enfermedad, que con su existencia, pero lo que de verdad hace "sangrar al corazón" es la ruptura del amor.

Tal vez todos seamos juguetes rotos a día de hoy, porque aquello que sentimos y no podemos controlar nos hace frágiles e inseguros, el amor. Sí, somos vulnerables ante su presencia y ante su ausencia. Y necesitamos tener una respuesta, real no, sólo cuando disfrutamos de su presencia, sino también cuándo lo descubrimos su ausencia.

Y siempre, en un cajón o estantería, conservamos nuestros juguetes rotos, al menos ese del que no quieres deshacerte por estar emocionalmente vinculado a ti.

Gracias Alicia Merino por tu frase. De ella surgió esto. 




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viernes, 17 de marzo de 2017

CUANDO EL MIEDO CAMBIA DE ASPECTO PARA QUE SIGAMOS TEMIÉNDOLE

Empieza a ser habitual encontrarme en la consulta de atención psicológica de la Asociación Granadina de Esclerosis Múltiple  o en el correo en formas de mensajes y dudas, preguntas que ancladas en la incertidumbre del futuro, necesitan por parte de la persona que las formula, una respuesta.

Y en esa incertidumbre, el miedo futuro al estado de la persona, sigue siendo el "Gran Miedo". Sin embargo yo he obervado un cambio, una forma de mutación en ese miedo, que me hizo reflexionar anoche, cuando más cansado estaba, y escribir sobre esto. Es muy posible que aquello que os voy a contar, no os suceda, pero también es posible que sí.


La Mutación de Nuestros Miedos

imagen extraída de https://www.marketingdirecto.com 

Ya hemos definido en varías entradas que el Miedo es en sí una emoción que todos sentimos respecto a algo. Por tanto, que la persona, afectada o no, sienta miedo, es algo normal y lógico.

En las personas afectadas por esclerosis múltiple el miedo, de una forma u otra se sintió desde el momento del diangóstico de la enfermedad, tal vez sólo por desconocer qué era ese término y qué implicaba. Aún más desde el momento en que la persona pasa prueba tras prueba bajo la idea de descartar algo, mientras que lo que realmente se intentaba era buscar algo concreto y diferencial.

De forma que el Miedo, como emoción ha estado presente en todas las fases del proceso de enfermedad, de una forma u otra, con una intensidad u otra, con unos mecanismos de afrontamiento u otros. El Miedo siempre ha estado ahí, como situado en un horizonte, en algo que sabemos que existe, que nuestra vista no alcanza a ver, pero que está ahí, al final de todo.

El primer gran miedo después del diagnóstico es conocer qué es lo que se diagnostica y su primera forma de sentirlo es la que se extrae de la búsqueda autodidacta para saber qué es esclerosis múltiple. Pero también puede ser los calificativos que acompañan al nombre de la enfermedad, crónica y progresiva. Incurable por el momento. El Miedo estaba ahí, presente.

Incluso en el conocimiento que tengas por conocer a alguien esta situación y tu imagen sobre cómo se encuentra y la pregunta de si ¿estaré yo así algún día? De forma que cuando el miedo invade el Ser de la persona afectada, la mente empieza a reaccionar, a veces con procesos de negación que ya describí en su día y que no voy a repetir, y que no olvidemos puede afectar también al ámbito familiar.

De forma que cuando la mente se encuentra carente de recursos para afrontar toda esta nueva realidad, se deprime y se vuelve ansiosa por no poder controlar aquello que hasta ahora tenía perfectamente controlado, su vida. Yo me esfuerzo como profesional en comunicarle a las personas para las que trabajo, que es totalmente normal pasar por esto después de un diagnóstico de tal magnitud, pero que tendrá que trabajar para salir de un estado que sí es controlable. Inmediatamente el miedo cambia y se torna en angustia tras la primera prescripción médica de un tratamiento, de sus efectos secundarios y de la aparición persistente de los primeros síntomas y tal vez del brote en el tipo de emrr. Muchas cosas para que la mente pueda ser fuerte ante tanta incertidumbre, preocupación y preguntas sin responder. Muchas.

Así, el pensamiento proyectado de la persona genera su gran miedo en algo, que desconoce si ocurrirá pero que no puede dejar de pensar, sentarse en una silla de ruedas. Ese pensamiento preocupante y persistente, también genera la primera reacción ante la adversidad de la persona en su proceso de enfermedad, y se comienzan a generar las primeras conductas de autocuidado. La mente despierta de su letargo. Es como si la persona pensase "tengo que hacer todo lo que sea para que esto no llegue"

Sin embargo, los tratamientos farmacológicos, han evolucionado, y con ello se está apreciendo una disminución leve del proceso de discapacidad que la enfermedad está generando. Eso no quita, que los inyectables sigan siendo molestos, endureciendo el cuerpo y generando esas callosidades que hacen que cada vez haya menos lugares en el cuerpo para pincharse. O qué la tolerancia al tratamiento se rompa y haya que variarlo justo cuando los brotes desaparecieron, o qué el virus JC de positivo. O qué el fármaco oral, más cómodo lleve poco tiempo. Pese a estas incertidumbres, desde la cognición de la persona afectada, observo que su Gran Miedo ha cambiado, ha mutado como si de un virus gripal se tratase.

De forma que se ha pasado de temer a quedarse en una silla de ruedas por la discapacidad a temer que el final de la vida de la persona afectada será postrada en una cama, sin apenas autonomía y en soledad. Y esta mutación del miedo basado en la incertidumbre, no lo he escuchado una vez, no, es ya rutinario. La pregunta es ¿por qué cambia el Gran Miedo?

La incertidumbre sobre un futuro incierto y desconocido, hace que aquello que en un principio supuso miedo (la silla de ruedas) se racionalice emocionalmente desde la experiencia vital. Esto significa que la persona analiza desde que fue diagnosticada hasta hoy día, y que su progresión en la enfermedad no ha supuesto claves de miedo como para temer sentarse en una silla de ruedas. ¿Entonces por qué seguir temiendo?

Porque inevitablemente se precisa tenerlo todo bajo cierto control que nos permita tener una capacidad de reacción. Temer a quedarse postrado significa muchas cosas. Una es clave. Si este miedo se confirmase, estaría sola definitivamente. De forma que esa pérdida funcional que la persona proyecta en su pensamiento más temeroso, dramático y futurista, no es más que el miedo más atroz que tenemos todas las personas, La Soledad.



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miércoles, 8 de febrero de 2017

Síntomas Psicológicos y Emocionales en la Esclerosis Múltiple. La Preocupación Persistente.

"Estar preocupado con esta enfermedad es algo irremediable. La incertidumbre que nos genera, no nos deja ser totalmente felices. Es cómo si desde que nos diagnostica, la preocupación tenga que acompañarnos siempre, como nos acompaña la fatiga que nadie ve. No se trata de que nos enseñen a pensar en positivo, se trata de que no podemos dejar de pensar en los que nos preocupa. A lo mejor, antes lo hacía  y podía dejar de pensar en lo que me preocupaba, pero no era consciente de ello. Algo tengo que hacer".

La Preocupación ha formado parte durante mucho tiempo y de forma necesaria de los trastornos de ansiedad. Tanto es así, que se habla de ansiedad cognitiva para hacer referencia al pensamiento persistente sobre el que no podemos ejercer un control y que de forma persistente nos incomoda, física, psíquica y emocionalmente.

Sin embargo, la Preocupación ha ido generando una entidad propia, provocando diferentes reacciones emocionales que ha llevado a hablar a algunos autores del concepto de preocupación patológica, que más adelante, definiré.

Es cierto, o puede parecerlo, que estar preocupado por cualquier cosa, puede parecer algo propio, inherente de la propia Vida. Vivir sin preocupaciones, del tipo que sean, no sólo parece utópico, sino que sobrepasa la imagen de la persona. Es algo así como que sería imposible vivir sin preocupaciones, del tipo que sean, pero preocupaciones.
Esta es la primera cuestión a tratar. Lo que puede ser preocupante para unos, para otros pueden ser meras nimiedades "¿por cosas así te preocupas? tu no sabes lo que es estar preocupado..."  Esta distinción puede parecer una obviedad, pero es el primer eslabón a superar en el mundo de las preocupaciones, pues dotar a una preocupación de algo más que su propio carácter de incertidumbre, hace que una preocupación sea o pueda ser patológica.

¿Qué es en sí un preocupación?

Supongo, que lo que os voy a contar sobre las preocupaciones, no os ayude mucho. Pero ya sabéis que me gusta descomponer las cosas complejas en simples, o al menos intentar hacer lo difícil aparentemente fácil. Eso nos da poder de reacción, de aprendizaje, de afrontamiento en definitiva.

Para responder a qué es una preocupación, lo primero que tenemos que plantearnos sería si creemos que una preocupación es un pensamiento o por el contrario si creemos que es una emoción. No son lo mismo, y por tanto no se abordan de la misma manera. Una dicotomía ¿Pensamiento o Emoción?

Establezcamos que una preocupación es un pensamiento. Como pensamiento es evocado por nosotros mismos, en ocasiones, o es evocado de forma automática, es decir la preocupación surge en nuestra mente sin que queramos pensar en ella. Desde este punto de vista, podemos establecer que la preocupación es negativa. Sin embargo podemos definir la preocupación como el elemento necesario para resolver una situación que nos genera conflicto, problemas o malestar. Sería por tanto, un pensamiento necesario para que podamos hacer frente a algo. Ese algo, es la incertidumbre que se deriva del pensamiento preocupante. La preocupación sería por tanto el pensamiento necesario y elemento que ponga en marcha nuestro mecanismo de resolución de problemas, es la incógnita a despejar y averiguar en una ecuación. 
Bajo este esquema, no necesariamente la preocupación es sinónimo de algo negativo, sino de algo que hay que resolver. Es el primer eslabón para poner en marcha un mecanismo de afrontamiento hacia alguien o algo. La preocupación bien canalizada puede ayudarte a ser parte de la solución, y por ende de la búsqueda activa de la  misma. 

Como emoción, por su parte, la preocupación sería un estado de intranquilidad, angustia, de ruptura de nuestro estado de confort en definitiva. Dicho estado está provocado por algo que conceptualizamos como amenazante para nosotros. Y siempre asociamos a la preocupación a algo displacentero bajo el estado de amenaza. No puede ser de otra forma; por tanto la preocupación como emoción amenazante es siempre negativa, lo que implica que sean nuestras emociones negativas, las asociadas a la preocupación, las que gestionen dicho estado. Y hemos visto ya en otras entradas, que muchas veces, por no decir casi siempre, no gestionamos bien, ni la tristeza, ni la ira, ni el miedo, nuestras emociones básicas, que no simples.

De forma que como emoción la preocupación generaría un plus, por llamarlo así, de incertidumbre, el que se deriva de no saber si seremos capaces, (pensamiento anticipado) de resolver la situación preocupante. A esto sumamos, que para conocer si podemos resolver una amenaza, nos basamos en situaciones que ya hemos padecido y que puedan ser similares, lo que nos ayuda a generar más control o incertidumbre, según se hubiesen resuelto o no, en el pasado.

Bajo una u otra dimensión de la preocupación, ya sea pensamiento o emoción, tiene inherente a ella, la incertidumbre, la falta de control sobre ella y la gestión que hagamos de la misma. 

Por lo tanto, cuando algo nos preocupa, nos preocupamos más aún si sabemos que no podremos hacer frente por algún motivo o razón, sea propio o externo. Es así como una preocupación se convierte en una preocupación persistente. Nuestra mente es capaz de generar nuevas claves de incertidumbre sobre la incertidumbre basal que tengamos. Generar preocupaciones de una preocupación inicial es generar una espiral de incertidumbres.

En la enfermedad, en la Esclerosis Múltiple, el curso y pronóstico de la enfermedad, desconocido es la clave de la incertidumbre, por tanto, la generadora de emociones negativas y de pensamientos generadores de conflictos por resolver, de problemas. No saber qué ocurrirá hoy mismo, ni mañana, ni poder llegar a tener certeza de si estaremos de una manera u otra, hace que la persona afectada genere asociado y esta vez sí, de forma irremediable la preocupación basada en la incertidumbre.

Por tanto la preocupación como algo positivo construye en la persona mecanismos de afrontamiento para resolver problemas. La preocupación conceptualizada como negativa ayuda a potenciar la incertidumbre, a cronificar el pensamiento persistente, a generar estados emocionales de ansiedad por la falta de control sobre lo que se proyecta mentalmente, y genera creencias erróneas que sirven para construir el andamiaje de la indefensión basada en la ausencia de control y en la proyección mental de la incertidumbre, construída sobre síntomas o sobre el mismo espacio temporal.

La Preocupación Persistente.

La importancia del término preocupación persistente (llamada en algunos círculos preocupación patológica) radica en que una vez que la persona asume ese término, estar preocupado es algo que se vive de forma normalizada, lo que implicaría que siempre se espera que la situación de amenaza aparezca, o dicho de otro modo, que el estado de tranquilidad que uno pueda tener tenga que desaparecer.

Es por tanto, como si uno no terminase de creer que puede estar bien, dentro de sus propias circunstancias, y por tanto esperase que detrás de momentos de gran estabilidad física y mental, tengamos que recaer. Es esperar mentalmente y de forma anticipada el empeoramiento. La persona no lo desea, pero no puede dejar de pensar que pueda ocurrir.

Esta forma de preocupación cronificada, nos hace desgranar la preocupación en preocupaciones más pequeñas y a su vez proyectar mentalmente en el futuro, que por sí es ya impredecible, cómo se visualizan dichas preocupaciones, con sus incertidumbres correspondientes y con sus estados físicos y emocionales determinados. La persona es capaz de verse a si misma dentro de unos años, capaz de imaginarse de forma tan real, que el miedo aparece de forma inmediata. Sin embargo, nos cuesta mucho proyectarnos en el futuro de forma positiva. Así a la persona le cuesta imaginarse que en un futuro, lejano o no, pueda estar, al menos como está ahora, y le cuesta horrores imaginarse bien o mejor de lo que está. Para lo negativo, no buscamos un anclaje con la realidad, para lo positivo sí. "no ves como estoy ahora, ¿cómo piensas que puedo estar mejor dentro de un tiempo? Sería un milagro" 

La proyección mental juega un papel esencial en la preocupación, dotando a esta de un poder que le es otorgado desde el esquema de las creencias de la persona. Estas a su vez determinan las actitudes de la persona ante la aparición de la preocupación y por tanto condicionan el comportamiento y las aptitudes que se desplieguen para hacer frente o no al componente mental o emocional preocupante. Así, siempre que la persona se preocupa proyectando mentalmente la preocupación más allá del hoy inmediato, la persona se dice a sí misma "a mi me gustaría estar como estoy, pero sé que estaré..." Proyección basada en una realidad tangible y distorsionada sobre una creencia errónea conocida como adivinación del porvenir. Sin embargo cuando la proyección es positiva se dice a sí mismo "me encantaría estar bien, pero sé que es imposible que lo esté"  Proyección mental basada en el aquí y ahora y construida sobre una distorsión cognitiva conocida como abstracción selectiva o filtraje.


Preocuparse por estar preocupado. La espiral sin solución.

De forma que cuando una preocupación actual se imagina como preocupación futura, podemos hablar de preocupación persistente como síntoma en sí de otros procesos y como trastorno propio.

El componente mental sobre el que proyectamos es esencial, como dije antes, pues si te centras en la preocupación actual, la capacidad de acción sobre la misma es mayor que si es proyectada en el tiempo, donde carecemos totalmente de control y nos llenamos hasta rebosar de incertidumbres. Bajo este esquema mental la persona comienza a estar continuamente preocupado y lo que es peor, se preocupa física y emocionalmente por dichas preocupaciones hasta el punto que la persona comienza a identificar patrones de personalidad en el acto en sí de estar siempre preocupado "yo siempre fui inquieto, siempre me gusto saber el por qué de las cosas...de siempre he sido nervioso y ahora más..."

Asumir la preocupación como rasgo propio de personalidad por no poder hacer frente al pensamiento basal preocupante, es en sí además de un erro,r un problema. Cuando esto ocurre, el componente distorsionador de la preocupación ya ha hecho daño y ha actuado por tanto a nivel cognoscitivo y a nivel emocional. Bien como pensamiento, bien como emoción, la preocupación es ya dañina.

El problema es que esa dimensión dañina de la preocupación, repercute directamente sobre las personas cercanas a la persona afectadas, que son lo primeros en percibir los cambios de comportamiento, mientras que la persona afectada intentará justificar esas interferencias bajo un rasgo de normalidad "como quieres que esté... a caso tú no estarías así...es lógico que me preocupe por esto, o es que a ti te da igual lo que me pase" La preocupación ya no es un esquema sobre el que construir posibles mecanismos de afrontamiento para dar soluciones, pero tampoco es un estado persistente de intranquilidad, angustia o ansiedad. La preocupación ha sido interiorizada y es ahora cuando es un problema real. La persona no sabe no estar preocupada, y siempre, pese a estar bien ahora en este momento, espera lo peor.

Pero esperar lo peor tiene además su componente mental. La persona, a veces conscientemente, a veces inconscientemente buscará claves en su vida real para justificar a los demás que requiere estar preocupado "lo ves, yo tenía razón, todos decían que estaba bien y mira... yo sabía que aparecería otra vez" La pregunta a resolver sería ¿hasta que punto esperar preocupadamente una preocupación no anticipa el malestar esperado, el brote, la recaída? Sería una buena tesis de estudio. Pero mientras buscamos respuesta a esta pregunta, lo importante es ¿podrá la persona que se preocupa persistentemente ser feliz?

Cuando aprendemos a dudar continuamente de todo hasta comprobar que nuestra duda, por mucho tiempo que haya pasado, se confirmó, realmente hemos perdido mucho tiempo. Tiempo irrecuperable.

Pero esto será otra entrada. Focalizar toda la energía en el pensamiento actual y preocupante y no construir andamiajes futuros de preocupaciones que no sabemos ni cómo, ni cuando llegarán.



Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 AO 04033.
AGDEM

Granada, España

lunes, 30 de enero de 2017

La Soledad.

La Soledad puede llegar a ser la cara más amarga que la persona diagnosticada por esclerosis múltiple puede llegar a descubrir. La Soledad, es también una consecuencia sobre la que no se encuentra razón o argumento posible por parte de la persona afectada, para sufrirla o padecerla. 

La Soledad de la que os hablo, es la que se experimenta por la pérdida progresiva de las personas que formaban parte de ti. Es una soledad cruel, discriminatoria que se puede sentir desde el vacío interno más estricto y profundo de la persona, pues quienes la experimentan, se acaban preguntado ¿por qué quienes se fueron no se quedaron con la persona y sí se marcharon por culpa de una enfermedad? A lo que acaban respondiéndose "Yo nunca hubiera hecho eso, yo me hubiera quedado". Es entonces cuando todo el entorno vital de la persona es inundado por el sentimiento de soledad.

Hoy mi entrada surge a petición de un correo privado. Y tal vez esperabas otra cosa.

¿Por qué me quedé sola?

No tengo una respuesta para poder argumentar por qué te quedaste sola.

No puedo saber ¿por qué se fueron todos los que antes estaban?

No, no tengo respuesta emocional para que comprendas por qué desde que fuiste diagnosticada, nadie cuenta contigo, y tú crees que no puedes contar con nadie.

De forma que no hay una respuesta posible para comprender, por qué tu diagnóstico de esclerosis múltiple, alejó de ti a todos los que estaban cerca, a todos lo que se reían contigo cuando todo estaba bien, a todos los que te veían cada sábado, cada fiesta, cada café, cada día.

Tal ve solo pueda decirte una cosa, una cosa que no te servirá como respuesta, y que probablemente me digas que no te sirve, pero no puedo dejar de decírtela, pues creo de verdad que el motivo real, pasa por ahí.

Se fueron, porque tarde o temprano, acabarían yéndose de tu vida. Es una realidad fría de asumir, dura y difícil, pero necesaria. Y Sí, estoy totalmente convencido y por eso te lo escribo, que habría pasado con diagnóstico o sin él. Con esclerosis múltiple o sin ella. Quien se marchó de tu vida, acabaría yéndose, tarde o temprano.

Tal vez la enfermedad sólo precipitó ese proceso. Tal vez la enfermedad sólo hizo correr más el descubrimiento al que te has enfrentado en tu vida. Para reír todos ríen, pero para llorar, nadie te ofrece un hombro.

El sentimiento de dolor que estás vivenciando, se debe a que tú sabes muy bien que si lo que a ti te ha pasado le hubiese pasado a uno de ellos, tú si estarías ahí ofreciendo el hombro. Pero no se trata de eso. No, aunque imaginar esa situación, nos de argumentos emocionales para explicar por qué ha pasado.

No es cuestión de cómo eres tú. No. 
No porque no todo el mundo tiene la valentía que tú has mostrado. No todos los que antes fueron amigos, saben mantener una amistad, saben ser amigos de la misma persona, afectada ahora por una enfermedad. No todos pueden seguir viendo a la persona antes que a la enfermedad. No todos saben girar las prioridades de la vida con el mismo giro que cambiaron las tuyas. No, la amistad no hace amigos infinitos, solo hace amigos. Y sí, queremos que sean para siempre, y tal vez lo sean, a lo mejor, incluso vuelve alguno de ellos, alguna de ellas.

Pero mientras todo eso llega, necesito de ti una cosa. No quiero que atribuyas a tu forma de ser esta pérdida, pues entonces la razón por la que marcharon serás tú. Y si piensas así, acabarás pensando que tú nunca fuiste así, es más eres así desde que fuiste diagnosticada. Por tanto, será la enfermedad la responsable de tu perdida si piensas así. Y no, no lo es. Estoy convencido de ello.

La esclerosis múltiple, no te conoce, no sabe cuántos amigos tenías ni cuántos has perdido, no sabe si eran buenos o conocidos, si los querías o no. No sabe nada de ti. Tan sólo está.

Y tampoco quiero que pienses que era cuestión de tiempo. No, no es verdad. La soledad que estás viviendo obedece tan sólo a que crees que los que se marcharon, son la causa real por la que crees que no podrás volver a tener gente cerca de ti, porque tu pensamiento te dice ¿"y si se fueron los de siempre, cómo voy a hacer otros nuevos?" Tal vez, porque los de antes, no serían para siempre y por tanto los nuevos, puedan ser lo de siempre.

Podría hablarte de más cosas, de cómo emocionalmente buscamos amortiguar la soledad, para evitar sentirla. De cómo la disfrazamos y qué consecuencias emocionales y psicológicas tiene. Pero te conozco y sé que llego a ti, más y mejor así.

Es muy posible que no sea esto lo que esperabas, pero hoy me sentí a escribir, y salió así.

Una cosa más. "Nadie excepto tú misma, te comprenderá como quieres ser comprendida" ¿Recuerdas?

A mi, me tienes.


Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 AO 04033.
AGDEM
Granada, España.

lunes, 9 de enero de 2017

Sintomas Psicológicos y Emocionales en la Esclerosis Múltiple: MEJOR SIN MI

Mejor sin mi, es una frase con la que acuñaré en esta entrada uno de los síntomas más enumerados en sesiones de psicoterapia, en determinadas fases psíquicas y emocionales del proceso de enfermedad por las que atraviesan las personas afectadas por esclerosis múltiple.

Mejor sin mi es el pensamiento más tremendista y catastrofista que la persona afectada elabora, tiene y piensa bajo la influencia depresiva; y por tanto, bajo la ausencia de su propio Yo. Mejor sin mi, es pensamiento elaborado en forma de ideación suicida, y por tanto representa el pensamiento trascendental que la persona elabora al creer que todos los demás estarán mejor si la persona afectada dejase de estar.
Es una ideación, por lo tanto es un pensamiento proyectado donde la culpa de la in-felicidad de los demás está causada por la propia in-felicidad de uno mismo. Es un sentimiento de culpa de tan alta intensidad, que su recurrencia es ya en sí un factor de riesgo a tener en cuenta.

Mejor sin mi, es un pensamiento automático, una distorsión cognitiva, y error de pensamiento que tiene como base un estado emocional deteriorado, una frecuencia de dicho pensamiento muy alta y capacidad ejecutora planificada.


Que no se hable de una cosa, no quiere decir que no exista.

Siempre hemos oído la frase, "llegué a tocar fondo" o "me hundí" o tal vez, "entré en un túnel sin salida". Cada una de estas frases representa la forma en la que mente pierde toda su estructura psíquica. La Mente igual que el cuerpo físico puede fallar. Y cuando lo hace, lo hace en forma de pensamientos muy recurrentes identificados con una naturaleza tremendista, catastrofista y con un fortísimo anclaje trascendental.
Una estructura de pensamiento es la forma en la que la mente elabora sus argumentos y conclusiones, sus propios pensamientos, según interpreta la realidad. En ocasiones, y bajo la influencia negativa de estados emocionales disruptivos, bajo estados anímicos alterados, bajo la presencia de trastornos depresivos, la mente forma estructuras de pensamiento extremadamente negativas a la hora de interpretar la realidad. Y cuando digo la mente, me refiero también a la persona. Dentro de las formas de pensar distorsionadas asociada a estos procesos, el catastrofismo es una distorsión cognitiva de las más negativas. Consiste en hacer de cualquier pensamiento elaborado algo catastrófico, por ridículo o pequeño que sea el pensamiento. Algo catrastrófico es algo que no tiene solución si ocurre, de forma que la mente experiencia el extremo más radical sobre ese pensamiento. 

Un ejemplo. "no podrás andar en poco tiempo" Ante ese pensamiento, que se elabora por la mente por de forma muy recurrente, el carácter catastrofista del mismo sería "si no podré andar en poco tiempo, ¿entonces me quedaré sentado en una silla de ruedas para siempre?" Y la mente que precisa certeza, se responde a sí misma sin contrastar con la realidad. Esa respuesta, mejor dicho autorespuesta se vuelve un pensamiento automático, la mente lo elabora, sin que tú quieras pensar en ello, y claro por eso mismo, la persona cada vez se siente mentalmente peor, aunque su cuerpo físico esté bien.

Pero la mente, y la persona, bajo estados emocionales depresivos, tienen una "perdida" de control mental y emocional sobre sí mismos, la mente se derrumbó y ahora desprotegida es vulnerable a todo, incluso a sus propias respuestas. Así surge el tremendismo. Un pensamiento tan negativo, excluyente y exterminador que convierte todo lo que se piensa en el caos más absoluto para la persona, y no es una exageración. Esta distorsión cognitiva en sí genera pánico ante el pensamiento. 

Sigamos con el ejemplo. Y si mi vida va a ser estar sentado hasta que me muera (componente tremendista, llevarlo todo hasta el final), ¿qué sentido tiene vivir así? 

A esa nueva pregunta surgen miles de interrogantes como respuestas, que envuelven a la persona en una espiral de pánico ante sus propios pensamientos. La persona comienza mentalmente a perderse, a sentir la vulnerabilidad de su mente, que comienza a sentirse perdida por encontrarse derrumbada ante la realidad que le toca analizar y vivir.


¿Qué consecuencia tiene el tremendismo como distorsión cognitiva? 


Como dije antes, lleva todo pensamiento ante un final. Un final que es extremadamente negativo y absoluto.

Por absoluto entenderemos que la persona generaliza dicha forma de pensar a todas las circunstancias de vida que le rodeen. De forma que tanto el pensamiento en sí, como lo la persona, acaba creyendo y por tanto adquiere un dimensión trascendental que supera incluso todas las experiencias vitales acumuladas, todo lo vivido en el pasado, a pesar de ser positivo.

Cuándo un pensamiento adquiere una dimensión trascendental, es como si superase el esquema mental propio de la esfera de los pensamientos, para terminar asentándose en el sistema de Creencias de la persona. La Creencia es la base sobre la que se articula todo. La importancia de las Creencias en la psique de la persona, es que éstas acaban determinando, ya no sólo la forma de pensar, sino las actitudes de la persona ante la vida y por tanto el comportamiento en sí, la conducta resultante, lo que la persona haga o deje de hacer, independientemente de que antes lo hubiera hecho o no, de que forme parte de su forma de ser o no, de que sea propio o no de él o ella.

El pensamiento tremendista ha sido tan reiterado, tan recurrente que la persona ha acabado por asimilarlo, por hacerlo suyo, incluso ha acabado creyendo en él. Cuando esto ocurre, el estado emocional de la persona se encuentra bajo un trastorno depresivo severo, a veces diagnosticado, otras veces cursa de forma encubierta, de forma que la persona y su entorno, no son conscientes de lo que verdaderamente está sucediendo. Y cuando hablo de depresión, hablo en el más estricto sentido de la palabra, es decir de la presencia de un Trastorno Psicológico.

Bajo este estado, la persona afectada, que siente miedo ante estas nuevas estructuras de pensamiento, comienza a aislarse de su entorno más cercano, a sentirse apático, anhedónico, sin capacidad de reacción, irascible... Todos estos síntomas descritos ya en anteriores entradas, son vistos por las personas cercanas a la persona afectada, mientras que la persona afectada, que ha empezado a interiorizar dicho estado, lo contempla como un estado normalizado dadas sus circunstancias vitales.

De forma que todo comienza a contemplarse desde un punto de vista trascendente, es decir que trasciende a la propia realidad de la persona afectada. Si los pensamientos catastrofistas y tremendistas que han sido tan recurrentes por su frecuencia e intensidad emocional, han logrado cambiar la creencia vital de la persona afectada, su actitud y comportamiento consecuente serán también especialmente negativos. La persona se abandona a una indefensión, haga lo que haga nada podrá cambiar, de forma que ¿para que seguir luchando?


Mejor Sin Mi. Un pensamiento Justificativo basado en el Miedo.

Ante esta constelación de energía vital y negativa, la persona precisa un argumento que le sirva para dar respuesta a su inacción, a su falta de reacción vital, a su abandono por sentirse tremendamente indefensa.

Puede parecer una exageración, pero en consulta este planteamiento que intento reflejar en esta entrada es muy frecuente y coincide con la fase más severa de la negación de la enfermedad. De forma que bajo estos estados emocionales y disruptivos, la persona comienza a plantearse que tal vez, solo tal vez, todos los demás estén mejor sin él, sin ella. Ese planteamiento, el de todos los demás sin mi, no viene sino a representar psíquicamente que la persona estaría mejor sin el mismo sin ella misma. Lo que verdaderamente ocurre es que la persona afectada no puede racionalizar correctamente el pensamiento o ideación suicida sobre sí misma, de forma que atribuir que su acción puede repercutir en el bienestar de los demás, no hace sino dar fuerzas a su argumento mental.

De forma que cuando una persona proyecta una ideación suicida sobre los demás, al creer que su estado vital no podrá cambiar, debido a que su estructura de pensamiento es tan negativa que ha logrado cambiar el propio Autoconcepto de la persona, necesita encontrar razones o motivaciones que puedan ser suficientemente fuertes como para poder dar pie a una ejecución temida por la propia persona. Así es más fácil lograr ejecutar la ideación suicida y por tanto la conducta suicida en este caso, atribuyendo la causa a facilitar a los demás su bienestar que a evitar el propio malestar de uno mismo, (estarán mejor sin mi, siento que tan sólo soy un estorbo, no se si querrán estar conmigo en el futuro, yo no sé si realmente están conmigo por lástima...) Esa atribución de la propia conducta de la persona sobre la vida de las demás personas cercanas a ella, es la definición más clara de la dimensión trascendental del pensamiento.

¿Cómo se contrarresta la ideación suicida?

Las guía de prevención de la conducta suicida establecen que preguntar sobre la ideación repercute en el riesgo de ejecución de la misma, es decir, cuando se aborda el tema, y hay que saber abordarlo, la probabilidad de que la ideación suicidad se convierta en acto suicida disminuye. Por lo tanto es necesario hablar sobre qué siente la persona, que piensa y por qué su pensamiento se elabora así.

Es necesario además, hacer ver a la persona que los pensamientos que elabora, se deben a la influencia emocional de su propio estado, y por tanto, muchas personas antes que él o ella, en un estado emocional similar, han pensado lo mismo. 

Normalizar el pensamiento y no darlo como excepcional o peligroso, también ayuda siempre y cuando se haga comprender que dicho pensamiento es consecuencia de la presencia de un trastorno, es decir, que sin ese trastorno probablemente, es decir sin depresión, y aunque su situación vital fuese la misma, no pensaría igual. Eso, los pensamientos, y el estado emocional en sí, si podemos cambiarlos, mientras que el diagnóstico de esclerosis múltiple, o de cualquier otra enfermedad crónica discapacitante, al menos por el momento, no.

"Lo que piensas es normal pensarlo bajo el estado depresivo en el que te encuentras. Pensar que es mejor no estar a estar es consecuencia de una depresión no de tu propio pensamiento, esto nunca lo pensaste hasta que estuviste así. Y esto quiere decir, que si no estuvieses así, si estuvieses emocionalmente más o menos bien, sin este estado depresivo, no pensarías así y por tanto nunca creerías que los demás sin ti, estarían mejor. Y que te haya dicho que es normal pensarlo, no significa que tengamos que pensarlo siempre, sino que tendremos que trabajar para corregir ese pensamiento, y el estado que lo provoca. 
Eso si es cambiable y en eso yo te puedo ayudar, pero necesito que tú mismo quieras ayudarte. ¿Me entiendes? y ¿me he explicado?...

De forma que la persona ha de tener el compromiso del terapeuta, del psicólogo en este caso, de hacer todo lo posible por ayudarle, pero al mismo tiempo es necesario obtener el compromiso de la propia persona por hacer todo lo posible por él o ella. Y en ese todo lo posible, está explícito los momentos en los que la persona no podrá, o se vendrá abajo, o se rendirá o no verá la salida...

La prueba de realidad, proyectar la situación a la inversa es una técnica que bien usada, en el momento justo, es de gran utilidad. La prueba de realidad sobre la ideación suicida ayudará a la persona a contemplar la realidad con otra perspectiva al menos por un instante, el instante justo y necesario para dejar la clave de reacción emocional y el principio del cambio emocional.

Justo en este momento la persona puede vivenciar un sentimiento amargo y ambivalente. Por un lado puede verse con cierta reacción, pero también puede percibir un sentimiento de vergüenza y culpa, tan sólo por pensar algo así. Son sentimientos que surgen del "egoísmo emocional" es decir de que la persona centrada en sí misma, en su desgracia, en su tremedismo y catastrofismo, sólo ha sido capaz de pensar en sí misma y no en los demás. Esos dos sentimientos que vivencia la persona han de trabajarse bien. Y cuando se experimentan y verbalizan la reacción se ha iniciado. Esos sentimientos serán el poso sobre el que cicatrizar dicho estado emocional.


"Escúchame bien. Lo que te ha pasado, con la edad que tienes es una auténtica putada. Sí lo es. Decir otra cosa es faltar a realidad. Y lo sé porque antes que tú, otras cientos de personas en este mismo despacho, y por esta misma causa me lo han hecho saber. Me han contado lo que han sentido y el miedo tan intenso que han sentido al pensar algo así. Pero hasta el momento, todas y todos siguen luchando pese a creer en un momento que ya no podían. Que te encuentres mal es normal, es lógico. Yo estaría más preocupado por ti si a pesar de todo lo que te está pasando me dijeses que estás perfectamente bien. Eso si que no es del todo lógico, tener una enfermedad crónica y progresiva y estar totalmente bien. De forma que no intentes no estar mal, lo que has de intentar es hacer todo lo posible por intentar bien, y ya veremos si lo conseguiremos. Y por estar bien entiende, tomar tú el mando, meterte a la esclerosis en el bolsillo trasero de tu tejano, ser primero tú, y después la enfermedad y no al revés. Estar bien significa que no dudes de quienes te quieren y de por qué te quieren. Te quieren por ser tu, no por lástima ni por tu enfermedad. O a caso ¿tu estarías por lástima con alguien?. Al revés tampoco". 

Mejor sin mi es el pensamiento que se elabora desde el miedo, desde el rincón del derrumbe, desde la sombra más tenebrosa, desde el pozo sin fondo, desde el túnel sin salida. Es un argumento emocional, un pensamiento emocional que elaboramos desde la perspectiva de la persona que no somos, en base a que no se olvide quienes fuimos. No necesitamos argumentos para pensar algo así, sólo hemos de sentir miedo y soledad.
Alberto José Ruiz Maresca.




Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 AO 04033.
AGDEM
Granada, España.