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miércoles, 7 de febrero de 2018

SINTOMAS PSICOLÓGICOS Y EMOCIONALES EN ESCLEROSIS MÚLTIPLE. El SIGNIFICADO DEL DUELO Y SU PROCESO CRÓNICO: EL DUELO DISFUNCIONAL.

Muchas veces, cuando me encuentro en fase de valoración (primera visita) de una persona afectada por la enfermedad, en la consulta de la Asociación Granadina de Esclerosis Múltiple, no es raro escuchar por parte de la persona, "yo no estoy mal, mi duelo ya lo he pasado". En ocasiones, esa afirmación concuerda con la realidad de la persona afectada, pero en otras muchas, la gran mayoría, no.

Y también sucede y muy constantemente que me encuentro personas jóvenes que no llegan a los 35 años de edad que me verbalizan, que están "afrontando lo mejor que pueden todo lo que la enfermedad les supone", pero que no logran superar una pérdida y que superando esa pérdida, estarían mucho mejor. Lo relevante es que cuando hablan de pérdida, hacen referencia de forma global, a su estado anterior.

De una forma u otra, el Duelo está presente en sus inquietudes y así me lo hacen llegar. Para intentar ayudar a las personas afectadas, y a las no afectadas, a conceptualizar realmente el Duelo como proceso, y así poder evolucionar en el afrontamiento diario del proceso de enfermedad, surge esta entrada.

El Duelo. Un mecanismo de defensa psíquico ante una realidad cambiante y no deseada.


Perder algo, y perderlo para siempre. Dos ideas que unidas o separadas son más que una idea, una realidad. 

El Duelo como proceso normalizado ante la pérdida.

Mi  primera idea sobre el Duelo consistirá en hacer ver, que el Duelo no ha de ser visto como algo negativo, sino como un proceso normalizado que hemos de vivir mental, emocional y psicológicamente cuando nos enfrentamos a la idea conceptual de la Pérdida. Por tanto todo lo que venga a continuación versará sobre este punto de partida.

El Duelo, la Expresión Vivencial de una Pérdida.

El duelo es una parte más de los diferentes conflictos psicológicos y emocionales a los que nos enfrentamos diariamente, pero que culturalmente están focalizados sobre la pérdida de un ser querido. Y el Duelo como proceso va más allá y su significado no es tan reduccionista.  Es por tanto necesario enteder el Duelo como proceso para reconceptualizar el significado de pérdida, de vínculo y de apego. 

El duelo como pérdida supone también una diferencia, asumir una realidad, que aun estando preparados para asumirla, proyectamos mentalmente que cambiará radicalmente nuestra vida y forma de vivirla. Un cambio al que aún estando preparados, supone mucho mentalmente. Cuando perdemos algo o alguien, y todo lo demás está en función de esa pérdida, ese cambio, es cuanto menos incierto

Y ante tanto cambio y de tanta profundidad psíquica, ante tanta incertidumbre, nuestra mente, que sin duda busca lo mejor, evita desprenderse de la pérdida sufrida.

Lo logra haciéndonos viajar de forma nostálgica y en nuestro pensamiento, en forma de recuerdo,  a nuestro estado anterior de pérdida. Es así, a través de la reconstrucción continua de ese estado vital anterior a la pérdida, como acabamos creyendo, que desprendernos de lo que nos supone emocionalmente y psicológicamente lo que hemos perdido, nos hace creer que seremos culpables de su olvido.

Por tanto, necesitamos reconstruir constantemente esa identidad anterior a la pérdida (imágenes, frases, momentos vividos...). Recuerdos en definitiva que se acumulan vivencialmente en nuestra memoria y que intentan salir para evitarnos la pérdida y su consecuencia, sentirnos perdidos.


Y en este círculo vicioso entre la incertidumbre y la inseguridad de lo que nos viene, y la responsabilidad que tenemos que seguir reconstruyendo esos momentos anteriores a la pérdida para evitar el duelo, es como el Duelo, un proceso normalizado para la superación del dolor emocional, acaba carnificándose en el tiempo bajo la creencia irracional, de que depende de nuestro recuerdo y del tiempo.

Y muchas veces, el tiempo pasa indefinidamente, el recuerdo persiste y el Duelo parece insuperable. 

La mente, se resiste a desprenderse de aquello que le genera certidumbre, seguridad, y lo hace reconstruyendo un estado y una realidad basada en la nostalgia (todo lo anterior a la pérdida). Pero ese estado nostálgico, dura lo que el recuerdo del pasado cuando se ha de confrontar con la realidad más inmediata. En ese proceso de confrontación pasado-presente la mente encuentra diferencias, disonancias que hacen sufrir. Y en esta realidad inmediata de sufrimiento está la vivencia del Duelo. Un proceso vital de reconstrucción emocional.


El Significado Conceptual del Duelo


Las personas nos resistimos a desprendernos de aquello que nos da seguridad. Establecemos vínculos emocionales con otras personas y forjamos emocionalmente esos vínculos en función de lo que la persona representa para nosotros, según creamos que nos aporta y complementa. Esos vínculos emocionales, conforman nuestro apego.

Pero no sólo generamos vínculos capaces de generar estabilidad emocional con otras personas, a veces, con conceptos como son por ejemplo, la salud establecemos un vínculo con las mismas características psíquicas que el que podamos establecer con las personas a las que amamos.

Podemos perder más cosas aún, por ejemplo, un trabajo o nuestro lugar de residencia al que estamos arraigados, o incluso un recuerdo perdido en la mente de otra persona por enfermedad y sobre el que nos cuesta comprender, que esa persona no nos recuerde ya. También podemos perder nuestro hogar de toda la vida por un incendio, terremoto, desahucio, etc. Perder podemos perderlo todo, hasta la propia vida, la nuestra o la de nuestros seres queridos.

De forma que en la pérdida de ese estado, estar bien de salud y enfermar, puede provocar el mismo impacto emocional y psicológico, que el que podemos vivenciar cuando perdemos a un ser querido. Esto es una realidad en la que se basan la mayoría de las estrategias de afrontamiento emocional y psicológico del proceso de enfermedad.

Y mentalmente, culturalmente hemos sido instruidos y estamos preparados para tener. Crecemos culturalmente, socialmente bajo criterios de y estereotipos que nos prepararan para juntar, para construir para acumular cosas en definitiva, que dan significado al mismo sentido de vivir que cada uno de nosotros hemos elaborado con las reminiscencias que nos condicionan. Somos seres tan libres como podemos, no tan libres como nos sentimos. 

No, no se nos prepara para en la vida para perder una casa, sino para tenerla o adquirirla. No se nos prepara para reaccionar ante la pérdida de un trabajo, sino para buscarlo y conseguirlo. No se nos prepara para perder la salud y enfermar sino para estar sano y vivos. Y así podríamos seguir infinitamente sobre todo lo que se nos prepara cultual y socialmente. Y desde el primer momento en el que nacemos ya estamos perdiendo minutos de nuestra vida. De forma que nuestra mente aprende a gestionar todo lo que logra y no gestiona tan bien aquello que pierde porque sobre esas pérdidas, nuestros apegos, vínculos emocionales, también creemos que pueden perderse. De forma que necesitamos identificar el Duelo, no sólo como un proceso normalizado ante una pérdida, sino como parámetros emocionales, cognitivos y conductuales que nos pueden sugerir que estemos bajo la influencia de él.


Vivimos y construímos vínculos emocionales con todo aquello que forma nuestra vida. Es ese vínculo emocional, el sentimiento que identificamos y lo que representa para nosotros, nos une a otras personas, lugares, cosas, etc. Y es así por nuestra propia atribución, porque nosotros así lo hemos decidido.Hemos gestionado con esos vínculos y apegos, significados psíquicos de protección, de amor, de seguridad, de pertenencia, etc. Vínculos que nos hacen sentir parte de, que nos generan seguridad en nosotros mismos, que nos dan sentido de coherencia vital, de identidad personal, laboral y social. Estamos aquí para algo más que para vivir sin más, al menos, eso queremos creer, independientemente en qué o quiénes creamos, porque cuando nos vayamos, nuestro sentimiento de pérdida se refugiará en la fe o en la ausencia de ella.

Pero la Vida, igual que da, quita, y en ocasiones tenemos que enfrentarnos a la pérdida de todo lo que significó en vida, nuestros vínculos emocionales, aquellos que creamos nosotros mismos en base a lo que emocionalmente representaban para nosotros.

Y perder significa afrontar la idea de “para siempre”.  Podemos perder a otras personas, objetos, animales, incluso podemos perdernos nosotros mismos, creyendo que lo perdido ya nunca volverá, y si volviese jamás sería igual. Ese pensamiento y toda su deriva emocional de incertidumbres, miedos e inseguridades, generará el estado psíquico de Duelo. 

¿Qué es psíquicamente hablando, un Duelo?

El duelo es la constatación real de que un estado ha cambiado, sin estar preparado para sobreponernos a las consecuencias físicas, emocionales y psíquicas de ese cambio que surge mediante la pérdida de la vinculación afectiva, aunque ese cambio fuera esperado anticipadamente o no. 

Las personas tenemos un aprendizaje acumulado inmenso como especie. Sabemos adaptarnos a situaciones adversas y a veces, la adversidad se nos presenta de forma extrema sin avisar, como puede ser el diagnóstico de enfermedad. Esa adaptación a nuestros entornos cambiantes, está basado en nuestro instinto de supervivencia. Ocurre que no siempre adaptarse es fácil o posible, y cuando esto ocurre, cuando nuestra mente no evoluciona para superar la adversidad que le supone la pérdida de sus propios vínculos emocionales, el duelo parece enquistarse en forma de recuerdo, de vacío emocional, de soledad no sujeta al tiempo.
La intemporalidad del duelo, hace que el duelo pase de ser funcional a disfuncional. El concepto disfuncional significa que la persona por sí sola no podrá superar la pérdida, el cambio, en el que se sustenta el duelo, que además se ha cronificado en el tiempo, haciendo incluso creer a la persona afectada, que ese es su estado natural desde su fase de negación tras el diagnóstico. La persona sufre y no está cómoda, pero entiende que no puede estar de otra forma. Ese estado de acomodación irreal se conoce como indefensión (lo he intentado todo y no puedo, haga lo que haga...)

Cuando la persona se enfrenta a una enfermedad crónica, como es el caso de la Esclerosis Múltiple, que además determina dos características como progresiva y discapacitante, la mente ante tanta incertidumbre de forma constante puede no superar la fase de Negación post diagnóstico. Para protegerse la Mente pone en marcha un mecanismo de defensa, intentando alargar el duelo. Pero hacerlo tiene una consecuencia, pude convertir el duelo funcional en disfuncional, agravando y agudizando la fase de duelo y negación postdiagnóstico.
Cuando esto ocurre la persona se enfrenta a síntomas, difícil de identificar porque la persona sobre todo, se basa en lo que hace y piensa y no en lo que siente y porque mentalmente entiende que la situación vital por la que atraviesa justifica pensar, y actuar así.

Ocurre que no siempre la persona que sufre un Duelo, sabe que está atravesando por uno. Por otra parte quienes trabajamos en cualquiera de los niveles asistenciales sanitarios y socio-sanitarios, no podemos no conocer la conceptualización del Duelo cómo proceso de pérdida, asignando esa pérdida a la conceptualización de enfermedad crónica y progersiva.

Igualmente es imprescindible trabajar el afrontamiento del Duelo en la enfermedad crónica, pues esta vivencia emocional, puede explicar muchas de las manifestaciones sintomáticas, físicas por somatización, y psicológicas que la persona afectada puede expresar en sus fases psíquicas del diagnóstico y que no tienen otra explicación médico-orgánica de las mismas, son los llamados trastornos psicológicos asociados, por ejemplo el distrés en esclerosis múltiple con una carga emocional negativa de intensidad moderada alta acumulado por sobresaturación puede influir en la aparición de un brote, no determinándolo pero sí siendo causa precipitante.


¿Qué es un Duelo Disfuncional Cuando Hablamos de Enfermedad Crónica?


Para explicarme, intentaré introducir brevemente algunas reseñas que nos explican desde cuándo y por quienes el concepto de duelo disfuncional, representa un proceso más sobre el que es necesario cuidar y cuidarse.

Margareth A Haisnworth, mostró su interés por la enfermedad crónica y su relación con la aflicción y la pena. Su interés surgió precisamente en su experiencia profesional en el trabajo con un grupo de  apoyo a mujeres con esclerosis múltiple. Pero el trabajo de esta enfermera, unido a otras visiones de pérdida de otras autoras,  Eakes y Burke, supusieron un avance en el concepto de Duelo de otros autores como Bowby y Lindermann, estos últmos autores, establecían el duelo como un proceso meramente patológico.

La evolución conceptual de las tres autoras, dio lugar a la definición de un concepto de disfuncionalidad del duelo, como un proceso de pena generalizada, permanente y progresiva.

Esta visión del Duelo, establece que la discrepancia constante hacia la pérdida, puede generalizarse y cronificarse, dado que la persona idealiza en base a sus propia experiencia, una situación idealizada (la no pérdida) de una experiencia real (la pérdida).
Esta comparación entre lo ideal y lo real, las personas las establecen con su entorno y con quienes le rodean, imposibilitando así el estado de aflicción según Eakes. Sin embargo, la experiencia psiquica y real del Duelo, suele ser común en las personas.

Lo realmente importante de la propuesta de Eakes, es que defendió que la Salud de una persona depende de la discrepancias que esta asocie a su pérdida, es decir, la salud de la persona depende de cómo la persona gestione en sí su idea de pérdida real y no idealizada, (real como me encuento, idealizada quiero encontrarme como antes). A este estado de comparación constante entre el antes y el ahora, lo conocemos como referente comparativo. 

En el mundo de la enfermedad crónica, y en el mundo concreto de la esclerosis múltiple, el duelo es además de necesario, y citando a Galvez Toro, A. en su libro "el derecho al duelo", el duelo y vivirlo es eso, un derecho.

El duelo representa la pérdida de todo lo que el diagnóstico crónico en esclerosis múltiple conlleva. La idea de que la enfermedad sea para siempre, es el anclaje emocional del Duelo. Y resalto en mayúsculas el concepto de Duelo como aquel proceso funcional, que hace que una persona pueda sobreponerse por sí misma a una situación de pérdida, real o idealizada. 

Y en esclerosis múltiple, según defiendo, el concepto de duelo disfuncional está asociado al componente progresivo y discapacitante de esta enfermedad, que abarca el estado físico como el social y laboral como el personal. La progresiva discapacidad que pueda generar la enfermedad, .y los cambios constantes que puedan provocar en la persona, serán los causantes de la disfuncionalidad y cronicidad del duelo, implicando en todo el proceso referido toda la deriva farmacológica asociado a todo el proceso de enfermedad.

La persona diagnosticada no sólo ha de superar la idea de que sea para siempre su enferemdad, sino que además tendrá que afrontar desde su realidad, su pérdida. La idea conceptual del término progresiva, sin saber cómo acabará todo aquello que, aunque no desea en la realidad, su imaginación basada en el miedo, la incertidumbre inseguridad asociada a esta enfermedad (curso y pronóstico desconocido), proyecta, no sobre el futuro más cercano, sino sobre el más lejano posible.

La persona teme pues, con todo el derecho del mundo, encontrarse diariamente con algún síntoma nuevo, físico, psicológico, nuerocognitivo, etc que pueda "etiquetar" como nueva limitación o secuela. Ese proceso, le hace estar constantemente alerta, (observarse constantemente para verificar que todo está bien y estable) a veces con un proceso ya automatizado, que sirve para normalizar su propio estado de salud. Ese estado de chequeo diario (intenta no observarte tanto...) genera una alteración de base emocional y con impacto mental, conocida como HiperVigilacnia, que abordaremos en otro momento) pudiendo generar los trastornos de ansiedad consecuentes.

Muchas de las personas afectadas por esclerosis múltiple logran normalizar su vida ante su proceso de enfermedad. Esto significa, que su capacidad psíquica de afrontamiento ha generado un cambio estructural y fuera del anclaje en el pasado, o incluso en el rechazo de identidad como persona enferma, descubriendo un estado de lucha constante y superación.
Todos conocemos historias de personas que nos enseñan cómo vivir con, cómo afrontar, cómo superar, etc. Sin embargo también es cierto que muchas personas, pese a leer esas magníficas historias, creen que ellas o ellos jamás podrán sentirse así, hacer cosas así o simplemente ser así. Y cuando existe un nexo de unión entre esa historia increíble y la persona que no puede reaccionar, el sentimiento de soledad y desamparo de ésta última es gigantesco, agudizándose muchísimo el estado de indefensión.

Este estado continuo de superación a límites impuestos, por las personas que sí logran superar su duelo funcional, repercuten muy significativamente en la emocionalidad positiva de la persona, gestionando un autococepto estable y duradero y una autoestima normalizada, pese a la adversidad. De forma que muchas y muchos, sin saberlo y antes de que se pusiera de moda, eran resilientes.

Y superar todas estas cosas, no significa que la persona no tenga incertidumbre sobre ellas, sino que aprende a no proyectar ni sobre el pasado ni sobre el futuro, y sí sobre el presente gestionando satisfactoriamente lo que otra moda ha impuesto, el aquí y ahora y la conciencia plena del Maindfulness. Y También significa que podrá sufrir, y venirse abajo, como persona que es. Y podrá llorar igual que reír, medicarse ante la ansiedad o el insomnio, ante la depresión; porque superar un duelo, no es lo miso que no sufrir por lo que tengas que vivir aún.

En la Asociación Granadina de Esclerosis Múltiple, estamos convencidos de que las personas afectadas por esta dura enfermedad, con historias médicas distintas, con historias y circunstancias de vida muy diferentes, desarrollan un mecanismo de afrontamiento similar, influido por la variable temporal, (antes de un año de diagnóstico, más de un año). Eso creemos.
En ese tiempo, la persona ha de vivenciar necesariamente el Duelo como parte del proceso de enfermedad. Y gran parte de nuestro trabajo consiste en provocar esa expresión emocional del duelo para desprenderse de él y neutralizarlo.

Y todo esto, lo estamos intentando medir con medidas de personalidad, de bienestar psicológico y de esquemas de afrontamiento. Por tanto, intentamos normalizar el duelo, no sólo como algo necesario, sino como algo imprescindible para poder progresar y normalizar el proceso de enfermedad al ritmo de cada cual. Intentamos hacer del duelo por la pérdida una idea renovada de la propia identidad.
No se anhela lo que se perdió, sino que se rechaza lo que hay. Y sobre esta idea final reconstruimos emocionalmente a la persona con su esfuerzo y necesidad de cambio. Y lo hacemos así, porque creemos que quien rechaza psíquicamente la realidad, pero intenta afrontarla diariamente, nos sugiere que mentalmente es fuerte, aunque crea que no porque solo se percibe sufriendo.

La persona necesita identificar, comprender y trabajar lo que su mente con una fase de duelo le está intentando decir. Rechazar la realidad no significa sólo que no queramos el diagnóstico, sino que también significa que la mente nos dice, "deja ya de buscarte en el pasado, deja ya de ir al futuro. Eres así, y así tienes que vivir".

No es fácil comprender esta idea. Pero cuando se asume desde la estabilidad emocional, todo duelo acaba difuminado, y la persona reacciona y progresa en su estado psíquico, emocional y físico.






En esta entrada he tenido la sensación de querer contar esto de viva voz. Me guardo muchas cosas sobre el duelo, por cuestiones de longitud, claro está, que me gustaría contar.


Y acabaré con algo que no quiero dejar de escribir.

A ti que estás diagnosticada o diagnosticado. ¿te has parado a pensar la fortaleza mental y emocional que tienes para hacer frente diariamente a tanta adversidad?
Y a ti que no estás aún diagnosticado o que no lo estarás nunca ¿Crees tener la suficiente fortaleza mental para afrontar tanto como lo que ha sido expuesto? Cuando estés con una persona afectada por esta enfermedad, no veas lo que no es, mira y encuentra lo que hay, una persona distinta a ti.


  • PAYÁS PUIGARNAU, Alba. Las tareas del duelo. Psicoterapia de duelo desde un modelo integrativo-relacional. Madrid: Paidós, 2010. ISBN 9788449324239.
  • WORDEN, William J. El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona: Paidós, 2004.ISBN 9788449316562.
  • Laguna Parras JM. Bajo la sombra de la incertidumbre. Cómo vivir con esclerosis múltiple. Arch Memoria 2006; 3(1). Disponible en http://www.index-f.com/memoria/3/a0609.php

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Autor del Blog y de la entrada
Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 Nº Col AO 04033.
AGDEM
Granada, España

jueves, 17 de noviembre de 2016

Sintomas Psicológicos y Emocionales de la Esclerosis Múltiple. La IRASCIBILIDAD

“En ocasiones me levanto con la energía suficiente para hacer cosas, sin fatiga, pero ese estado no me dura mucho tiempo, y en seguida me creo que no merece la pena intentarlo. No es por cansancio es algo emocional que siento y no puedo controlar. ¿Me ocurre algo grave? J.N.

La Irascibilidad.


De las cosas que menos conocemos de nuestro propio ser, son el mundo de las emociones. Últimamente se hablar mucho de ellas y las personas en general están empezando a conocer cómo se expresan las emociones y qué logramos cuando las expresamos. Además hacemos esfuerzos por enseñar a las personas a identificarlas, a saber qué emoción es la que se siente y cómo expresarla de forma coherente con el afecto determinado.
Resultado de imagen de irascibilidadSin embargo a pesar de los esfuerzos que las personas realizan para conocerse más y mejor, siempre en el mundo de las enfermedades crónicas, y en el de la esclerosis múltiple también, siempre digo; hay una causa prioritaria que intenta explicar, a veces erróneamente, lo que está provocado por las emociones.

De forma que es lógico por una parte, que ante el baile emocional que una persona pueda sentir en determinadas ocasiones, se establezca que lo que le ocurre está provocado por su enfermedad física, por sus síntomas, secuelas, etc antes que tener una explicación emocional o psicológica. De forma que no todo es fatiga, ni todo es cansancio, ni todo es falta de energía o fuerza, o cambios estacionales. Hay muchas más cosas capaz de explicar lo que ocurre.

La Irascibilidad es entendida como la fluctuación de las emociones que sentimos ante situaciones que posiblemente antes no nos hicieran sentir nada relevante, ni reaccionar emocionalmente de forma que fuésemos conscientes de esa emoción. Generalmente la irascibilidad ha sido entendida como la progresión de emociones negativas que en cascada llevaban a la persona a encolerizarse de forma incontrolada. Sin embargo, y además de dar por válida esta acepción, en esta entrada tararemos la irascibilidad no cómo la progresión de las emociones negativas hacia estados coléricos o de ira, sino que también la entenderemos como el paso a otras emociones opuestas. Es por tanto un estado fluctuante y no estable donde las emociones pueden sentirse provocando que la persona pase de estados por ejemplo de tristeza a alegría en poco tiempo. Este es el concepto amplio de irascibilidad y así lo explicaremos a continuación.

Por tanto, vamos a intentar explicar a continuación...

¿Por qué ahora estamos más sensibles emocionalmente? 

Siempre hemos sentido las emociones, y siempre has tenido que emocionarte ante determinadas situaciones. Lo que está ocurriendo, y es totalmente normal que ocurra así, y por tanto no has de esforzarte en que no suceda, lo que está ocurriendo como digo es que tu mente está aprendiendo continuamente a gestionar situaciones que antes tenía absolutamente bajo control por aprendizaje, es decir, tú sabías realmente que situaciones te generaban un tipo de emociones y cuáles no.

Sabías por tanto qué situaciones de tu vida diaria te generaban miedo, y aprendiste a controlar y neutralizar ese miedo. De forma que cuando lo sentías tu mente gestionaba por aprendizaje casi automáticamente sus recursos para que tú no sintieses miedo. Cuando las emociones que sentías fuesen de tristeza, sabías perfectamente cómo hacer frente a ellas y cómo no sentirlas porque aprendiste o bien a expresarlas o bien a no exponerte ante lo que te generaba tristeza. Cuando tuviste que expresar alegría, la expresabas con total normalidad, sin necesidad de control, tan sólo la expresabas porque aprendiste que era bueno para ti. Y por último y no menos importante, cuando expresabas la ira, aprendiste a discutir con ella, a sentir las frustraciones que te generaban y a neutralizarlas con la reconciliación, el perdón, o tal vez aprendiste a no discutir más de forma tan airosa a través del auto-control.

Tu mente por tanto, a lo largo de tu vida, como si fuese un disco duro, almacenaba aprendizajes donde tú te exponías a situaciones emocionales para ti, y grababa en su memoria cómo hacer frente y por tanto expresar cada una de esas emociones en situaciones similares y de muy diversos tipos.

Sin embargo, nunca nos hemos enfrentado a situaciones nuevas, que escapan al control tuyo y por tanto de tu mente. Hasta el momento no hemos tenido que aprender a controlar y gestionar nuestras emociones ante situaciones tan intensas. El diagnóstico clínico de esclerosis múltiple como el de cualquier otro diagnóstico crónico y progresivo, no genera nuevas emociones, sino que expresa las mismas, con algo más de intensidad y ante situaciones nuevas, por ejemplo ante la incertidumbre de qué ocurrirá con nosotros. Antes también tenías este pensamiento, pero tus emociones eran positivas, porque tu pensamiento era esperanzador. Ahora ante ese pensamiento dramático, triste y desesperanzador en tu mente, es obvio que sientas algo, aunque tal vez, incluso familiarizado con la emoción, no lo estás con el pensamiento que la ha evocado. Lo que ocurre es que la intensidad de la emoción y del sentimiento no son del todo como la mente y nosotros mismos lo esperábamos, escapando por tanto al control que habíamos aprendido a ejercer en el pasado ante situaciones similares. 

Además a esa intensidad, se le ofrece un nuevo horizonte, todas las preguntas que te haces no tienen respuesta y en el caso de que la tengan, no es la respuesta que tú querías, o no quieres que sea esa respuesta. Y claro ante este descontrol de pensamiento en espiral, tu mente confundida previamente por la intensidad de la emoción, no sabe qué hacer y emocionalmente por tanto, se siente sobrepasada por algo aparentemente desconocido, lo que sin duda genera frustración. Esta pérdida de control hace que la mente, tenga dos frentes abiertos, una intensidad emocional no conocida y un nuevo estado derivado, la frustración, que además se da en un contexto diferente al que estábamos entrenados casi automatizados, para su control. Esa pérdida de control tú la vivencias con esos altos y bajos emocionales tan característicos, tal vez en el mismo día, o incluso en la misma hora, provocan ese baile emocional al que hemos definido irascibilidad.

Tu mente se ha venido abajo, y tú con ella. Ese estado de frustración a su vez genera estados de irritabilidad, agresividad proyectada hacia algo o alguien que pueden acabar en episodios de ira. Por tanto, hemos pasado de controlar las emociones casi automáticamente a vivenciar diferentes estados emocionales, que aunque conocidos aparecen simultáneamente porque la realidad en la que nos ha tocado vivir, sin querer vivirla, nos ha sido impuesta. 

Pero como dije anteriormente la irascibilidad puede llevarte de un estado colérico a un estado de tranquilidad e incluso alegría. Estos cambios tan bruscos en el estado anímico la persona los siente conscientemente pero negará que esté siendo afectado por ello. Sin embargo, dichos bailes emocionales serán observados por las personas cercanas, que generalmente se concentrarán en la irritabilidad por ser lo más llamativo "el nunca era así, creo que neciesta ayuda, pero dice que está bien"
De forma que los amigos o familiares cercanos, la pareja o incluso los hijos verán el estado irritable, mientras que la persona afectada por la enfermedad verá la frustración. Y la frustración la persona no la identifica como un sentimiento derivado de una emoción, sino que lo intentará justificar como impotencia. Pero cuando le pregunto ¿por qué sabes que es impotencia lo que sientes? generalmente no pueden contestarme. Aprietan los puños, intentan controlar el llanto y su leguaje facial se tensa. Eso todo eso es la expresión contenida de la irritabilidad. Es como querer gritar, pegar un puñetazo en la mesa o empezar a soltar tacos hasta desahogarse.

La irascibilidad una gran desconocida. Y puede ocurrir que además justo de un momento de extrema tensión por lo descrito anteriormente, la persona pase a relajarse a estar alegre y tranquila en poco tiempo. Cuando esto sucede, la persona piensa para si misma ¿algo me está pasando? pero no lo comparte con nadie. Es por decirlo así su primera introspección, su primera búsqueda en el interior y su primera respuesta, "tal vez necesite ayuda". Pero no lo comparte con nadie. Espera que el tiempo pase y esto desaparezca. Y cuando esto sucede, la persona intenta justificarlo todo, y es lógico hacerlo, buscando razones físicas derivadas de la enfermedad, estrés, una percepción de hormigueo que antes no tenía, mayor cansancio etc... pero nunca piensa que pueda deberse a que emocionalmente tenga un conflicto por resolver. Aprender a gestionar las emociones ante su nuevo horizonte. Y mientras tanto, la familia, los amigos, la pareja, hijas, hijos etc empiezan a observar ya no la irritabilidad, sino un cambio en su estado anímico.

Y claro, cuando los familiares, amigos, parejas etc intentan gestionar una ayuda, la persona reacciona negativamente. ¿que me estás diciendo, que estoy loco? Esa forma de defenderse, indica miedo. Miedo que se ha de sentir y es natural sentirlo. Ese miedo se debe a que la persona que aprendió a controlar la sintomatología física de su enfermedad, ha empezado a observar que emocionalmente y psicológicamente la enfermedad también le está afectando, y ¿cómo se soluciona esto? ¿será temporal y pasajero? ¿podré yo con ello?...

De forma que un grano de arena sí puede hacer una montaña. Y la montaña se ve cuando acumulas granos insignificantes de arena, cuando acumulas y no compartes los estados emocionales, los miedos, las angustias, las incertidumbres, etc... Y cuando esto sucede, la persona afectada tiende a aislarse comunicativamente intentando mostrarse serena, pero in-comunicativa. "está más tranquilo, pero no habla" A veces la persona afectada calla por no preocupar a los demás, pero eso no implica que su preocupación se desvanezca, sino que se duplica.

La irascibilidad, un síntoma a tener en cuenta porque detrás de él en cascada aparecen más. La mente necesita expresar lo que siente, aunque sea miedo por no poder controlar todo lo nuevo que está sintiendo. Si no lo hace llegará un momento en el que se vea sin recursos y entonces sobrepasada por todas las demandas, internas y externas. Cuando eso suceda y sin experiencia previa, la persona conocerá la ansiedad, la crisis ansiosa, que jamás nunca antes había tenido, o sí, y que abre un abanico de incertidumbres en forma de pensamientos reiterados, a veces incapaz de controlar.

En silencio de tu intimidad más invulnerable eres consciente de este cambio, sabes que algo está sucediendo, piensas en la ansiedad, sientes la impotencia, la rabia la frustración y expresas el llanto. Pero ante los demás quieres ser fuerte. Y tu mente no sabe por qué estando tan mal intentas hacer ver que estás muy bien. Entra en conflicto y como si fuese un ordenador saturado, se reinicia solo. He aquí la crisis de ansiedad.

Y de la Ansiedad, hablaremos próximamente.




Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 AO 04033.
AGDEM
Granada, España.
12 de Diciembre de 2016


lunes, 17 de octubre de 2016

SINTOMAS PSICOLÓGICOS Y EMOCIONALES ASOCIADOS A LA ESCLEROSIS MÚLTIPLE. EUFORIA vs DISFORIA

Estar bien es algo que desgraciadamente suele pasar desapercibido cuando realmente estamos bien. Y es algo que se empieza a echar en falta cuando se está mal, porque cuando se está mal, es difícil, muy difícil volver a estar bien.

"Es como si no consiguiese estar bien un sólo día, uno solo" "Lo intento, pero es como si un interruptor se encendiese y clic, ¿es que no sé estar bien? Ana G.B.

La Euforia y La Disforia.


En ocasiones la persona se encuentra bajo estados emocionales de "bondad" de positivismo de energía, en definitiva se encuentra bien anímicamente y eso le hace sentirse bien fisicamente aunque haya diferencias de intensidad. Pero este estado a veces es perdurable en el tiempo, y otras veces, es efímero y tan sólo dura lo que dura el despertar.

Es muy común oír que la persona pasa de estados anímicos buenos, positivos a estados anímicos negativos con mucha facilidad, en apenas poco tiempo, varias veces por día o incluso de día a día. A ese baile continuo entre los estados anímicos positivos o eufóricos y negativos o disfóricos, lo conocemos como alteración emocional o estados emocionales inestables ya que no permiten mantener durante un tiempo uno de esos dos estados de forma estable.

De forma que cuando estamos emocionalmente nos encontramos bajo la influecia de este estado emocional tan fluctuante, la persona, en la mayoría de las ocasiones está bajo la influencia de otras variables que habitualmente no detecta, pero que sus familiares y amigos cercanos sí que lo observan como cambios en el carácter o comportamiento de la persona influenciada por este síntoma. 

  1. La baja tolerancia a la frustración. Ahora cosas que antes pasarían desapercibidas en tu vida, comienzan a molestar. Cosas incluso a las que antes no les hubieras dado importancia, ahora si la tienen, y generalmente su influencia sobre ti es negativa.
  2. La Irritabilidad. Consecuencia de la baja tolerancia a la frustración, la persona experimenta un descenso en el control emocional de sus impulsos, es decir, que ahora "salta más que antes, y además salta por cualquier cosa". Lo característico de la irritabilidad es que lleva asociada una justificación unipersonal, es decir la persona en muchas ocasiones intenta justificar su comportamiento en base a hacer entender a los demás que si estuvieran en su situación, también estarían así. Ese componente de la irritabilidad es clave pues realmente nos dice que la persona, incluso por los más cercanos a él o ella, no se siente comprendido, o al menos comprendido como a él o ella le gustaría. La diferencia de la irritabilidad y los estados de Ira, (muy preguntado en consulta) es que el primero, la irritabilidad obedece a un estado de falta control emocional, mientras que el segundo implica que ese control se ha perdido completamente y por tanto la agresión a otros, a sí mismo o proyectada sobre un mueble, objeto etc. puede darse. Existe arrepentimiento inmediato, pero no deja de ser un comportamiento colérico.
  3. La incomprensión. Sentirse incomprendido es muy frecuente, y lo es cuando el estado que se intenta comprender, no es comprendido (y perdonad la redundancia) ni siquiera por uno mismo. De forma que el estado de incomprensión conduce a la persona a creer erróneamente que por sí mismo, sin ayuda de nadie, podrá salir de esto y así podrá demostrar a todos que no necesita de ellas o ellos. 
  4. La simulación o sobreactuación. Ya lo hemos referido en otras ocasiones, pero cuando alguien intenta aparentar que no ocurre nada, es difícil creer que así sea. La lógica más absoluta nos dice que cuando alguien recibe una mala noticia, resultar impactado por la misma, es lo más normal del mundo. Aparentar que no ocurre así, es ya un signo claro de que efectivamente algo sucede. Suele ocurrir que en muchas ocasiones, la sobreactuación tiene la finalidad de evitar la sobreprotección a la que son expuestos las personas afectadas en las primeras fases después del diagnóstico. Pero sobreactuar también implica que la persona llega a sentirse mal, por creer que lo que le está ocurriendo afecta emocionalmente a los que cohabitan con el o ella y claro "está bien que sufra yo, yo me lo como solo, pero que sufran porque yo esté mal, eso no podría soportarlo" De forma que hacer creer, fingir, aparentar estar bien cuando su comportamiento denota lo contrario, es también un signo.
Estas cuatro características explican por qué la persona emocionalmente no puede encontrarse estable ya sea eufóricamente o disfóricamente. La mente de la persona bajo estos estados constantes a los que se ha de exponer diariamente, está ya fatigada antes incluso de arrancar el día. Tanta presión emocional no es buena y acaba pasando factura con estados de ansiedad y crisis de angustia o con estados de estrés emocional negativo, distrés, precipitante por cierto de los brotes. Cuando este estado se cronifica más de lo deseado, la fluctuación emocional entre la euforia y la disforia ha de evaluarse como síntoma depresivo y no como algo aislado.

¿Qué puede hacer la persona familiar ante esta situación?


Una de las frases más repetidas que escucho es que preguntar diariamente ¿cómo estás? cansa, quema e incluso genera el efecto adverso, o efecto indeseado con una repuesta mental como "ya estamos otra vez" que realmente quiere decir, "¿cómo crees que voy a estar, no me ves? jodido" 

Pero resulta que no somos capaces de adivinar las cosas, y que para saber necesitamos preguntar. Sin embargo preguntar siempre lo mismo, puede generar un efecto opuesto a lo que deseamos lograr, no olvidemos que la tolerancia a las frustraciones han cambiado. Por eso en sesiones familiares intentamos cambiar los parámetros que la persona afectada observa como sobreprotectores ((antes no me preguntabas todos los días y ahora sí, eso solo me recuerda que mi situación no es la misma,) interpreta la persona afectada)) con las siguientes estrategias.

  1. No preguntes. Deja que sea la persona afectada la que comunique contigo su estado. Será el o ella quien te haga saber a ti su necesidad y no a la inversa. Esto no te convierte en mala persona o un familiar despreocupado. Nadie te ha enseñado a saber qué hacer en una situación así.
  2. Muestra afecto en lugar de preguntar. La persona afectada y el familiar requieren cercanía, las miradas, los besos, las caricias... han de estar ahí, pero de forma natural. 
  3. Deja tu puerta abierta. Es importante que se sepa, que cuando uno esté preparado, y me refiero a la persona afectada, tú estarás preparada, preparado para escuchar lo que te desee contar. El ritmo lo marca la persona afectada.
  4. No des lecciones. No sirve de nada el discurso de "venga, tienes que... deberías hacer... yo en tu lugar...." ese discurso provoca alejamiento porque la persona afectada contempla que aquello que le pasa, y lo que tú crees que le pasa, son dos cosas diferentes. Es entonces cuando deja de comunicarse emocionalmente, "total si no tienes ni idea"
  5. Si un día ves que la persona afectada está llorando, o seria, o angustiada, déjale que se exprese emocionalmente. No intentes que deje de llorar, o de sentir rabia o miedo o angustia. Lo mejor que puedes hacer es preguntar si puedes ayudarle o si quiere que te quedes con él o ella, pero déjalo que se exprese. Tú solo escucha y muestra empatía emocional. 
  6. No limites anticipadamente su autonomía física ni mental. No facilites las cosas, no hagas las cosas que antes no hacías para ponerle fácil, aparentemente las cosas. Ayuda cuando te pidan ayudan, pero ayudar prematuramente sin que te demanden esa ayuda, puede generar un sentimiento devastador en la persona afectada, el sentimiento de inutilidad. Y no sólo eso facilita la aparición de una nueva representatividad mental, de un nuevo Yo. "he dejado de ser Yo, para ser un enfermo". Aquí siempre recordamos esa frase tan difícil para los familiares "trátale por lo que es tu marido, tu hijo, tu hija, tu madre... y no lo trates como un enfermo, como una enferma" Eso te aleja.

¿Qué impacto tiene sobre el estado anímico que la persona no se sienta sobreprotegida?


Normaliza la situación y normaliza a la persona. Cuando una persona pasa a recibir, sin haber demandado, toda la atención la sobre atención de todos, le hacen sentirse en lugar de arropado, angustiado. El sentimiento de angustia se incrementa con lo que la persona va descubriendo sobre lo que "teóricamente" puede sucederle, y pasa de sentir apoyo a sentir miedo. Ese miedo además se hace especialmente intenso cuando parte de él se basa en el sentimiento de culpa que experimentan porque los demás, hayan dejado lo que hacían, estén mal, por lo que a la persona afectada le está ocurriendo, (siguo siendo el mismo, pero no, ellos creen que no puedo), irritabilidad.

¿Cómo ha de actuar el familiar cercano?


La persona afectada ha de intentar reconocer los estados emocionales sin establecer causas aparentes, es decir, es bueno saber lo que pasa, y no es tan bueno poner causas a lo que pasa. La mayoría de las causas que las personas afectadas tiene o exponen para explicar lo que les está ocurriendo a nivel emocional, son justificaciones, es decir pensamientos que se elaboran para descargar emocionalmente la angustia ante la evidente realidad. No estoy bien, o tan bien como quisiera. Por cierto, no estar bien cuando nos han diagnosticado algo como la esclerosis múltiple es lo más normal del mundo. Lo no normal sería estar perfectamente. Y aclaro que estar mal emocionalmente, no es estar mal de la cabeza.

La persona familiar que cohabita con la persona afectada ha de darle tiempo para reacionar. El error más común de los familiares, es dar por supuesto algo, sin preguntar. El segundo error más frecuente es preguntar contínuamente por no fiarse de la respuesta de la persona afectada. Y el tercer error consiste en dar por sabido el entresijo emocional y mental que tiene la persona afectada (yo sé lo que le pasa, yo le digo, sal, pero el prefiere ... o está así desde que....) El familiar sólo podrá acceder a las inquietudes emocionales que la persona afectada tenga por estar afectado de esclerosis múltiple cuando la persona afectada esté preparada. Lo que ocurre es que la persona afectada a veces (y por error también) acaba creyendo que sus familiares, amigos más íntimos, aún no están preparados.

De forma que, el impacto emocional que sufre la persona afectada en otra dimensión y con intensidad muy parecida, lo sufre el familiar. 
Uno, la persona afectada percibe esa influencia en su familiar, y el otro, la persona afectada concluye que su familiar afectado no está bien del todo. La paradoja es que los dos intentan disimular, fingir, y aparentar que no pasa nada.

Y esta es la causa definitiva de que emocionalmetne tengamos estados fluctuantes entre la euforia y la disforia emocional.


Espero haberme explicado con claridad, porque no es lo mismo escribirlo que contarlo.







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Autor del Blog y de la entrada
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 Nº Col AO 04033.
AGDEM


martes, 2 de octubre de 2018

Sintomas Psicológicos y Emocionales en Esclerosis Múltiple. Estrés Agudo y Estrés Crónico.


Una de las características de este blog, es dar prioridad a los contenidos y no a la difusión en sí del blog. Por ese mismo motivo, todas las publicaciones que realizo intentan referenciar artículos y publicaciones donde se apoya el contenido, aunque casi todo el contenido publicado sea de elaboración propia  y basada en la experiencia que el trabajo diario con personas afectadas por esclerosis múltiple me proporciona.

Ya he abordado el tema del Estrés, al menos de una forma básica y divulgativa para poder conocer qué es y cómo se presenta, aquí tenéis la publicación. Pero esta entrada intenta ir más allá.

Cuando hablamos de estrés, tendemos a asociar, a veces incorrectamente, a este término un significado asociado a conceptos como una mayor agitación, actividad física y psíquica bajo estado de agotamiento, desgaste emocional, cansancio, falta de sueño, irritabilidad, apatía, saturación, problemas en las relaciones interpersonales, y una característica que resalta sobre la demás, la temporalidad.
Esta última característica de temporalidad, se asocia a que la persona bajo situación de estrés, asume la idea de que dicho estado esté asociado la vivencia de una o unas situaciones concretas que repercuten en la vida diaria. Para la persona, esas situaciones se anclan a períodos determinados de tiempo, de forma que finalizado dicho período temporal, creen que finaliza el estrés que se sufre. A estas situaciones se le conocen como acontecimientos vitales estresantes, AVEs.

Pero ¿qué ocurriría si los efectos generados por la exposición al estrés fuesen duraderos en nuestro organismo? ¿Cómo podemos saber si el Acontecimiento Vital y Estresante ha sido neutralizado completamente? Y por último; ¿Cómo podemos saber si esas AVEs no han generado otras enfermedades, alteraciones o trastornos en nuestras vidas que sufrimos finalizado el período de estrés?

¿Aprende nuestro organismo a estresarse cíclicamente aunque no esté expuesto a sus estresores?

En las enfermedades crónicas como la esclerosis múltiple, el estrés está presente antes incluso del momento de diagnóstico. En una fase pre-diagnóstica la persona vivencia apariciones sintomáticas que le hacen suponer que algo está ocurriendo.
La intensidad de esas alteraciones, que no tienen aún nombre, y son percibidas poco a poco por la persona cada vez con más frecuencia e intensidad, de forma que la asociación entre una situación y otra empieza a acumularse en formas de interrogantes en el pensamiento de la persona ¿qué me está sucediendo? ¿Por qué me pasan estas cosas? Bajo esta situaciones donde los síntomas comienzan a manifestarse, no son asociadas a situaciones concretas, y por tanto los síntomas se vivencian cómo respuestas fisiológicas propias.
La persona por tanto, ante la aparición del síntoma como entidad propia, no tiene una respuesta, y esta ausencia de atribución causal por el momento, es la responsable del estrés. Es decir, no saber la causa, sería el estresor o estímulo generador de angustia, miedo, malestar, incomodidad, etc. No saber lo que ocurre y por qué ocurre es por tanto también un estresor.
 Pero entre la aparición de estas alteraciones, de intensidad moderada o leve, la persona retoma su estado normalizado de salud, y por tanto, la asociación entre esas manifestaciones clínicas, los síntomas, y la exposición al estresor; no se consolidada  como respuesta condicionada y consciente para la persona. Sin embargo, el organismo sí que empieza a aprender que la asociación acontecimiento vital estresante y su asociación directa con el síntoma provocado empiezan a estresarle y generarle malestar y disfuncionalidad.

De forma que la temporalidad para la persona, en un principio pasa casi desapercibida respecto al impacto en salud, pero para nuestro organismo, no. Es esa característica la que empieza a condicionar las respuestas estresantes del organismo. Nuestro cuerpo parece que aprende a estresarse antes incluso de que la persona sea consciente de su situación de estrés y del impacto sintomático que se deriva.

En el curso imprevisto y no controlable de la Esclerosis Múltiple, en ocasiones y aun no estando diagnosticada la persona, (fase pre-diagnóstica), ésta puede enfrentarse por primera vez a un brote, el debut clínico de la enfermedad.
Este primer brote suele presentarse, aunque no siempre con una intensidad alta e interferencia significativa en el impacto en la calidad de vida de la persona afectada.

Pero en ocasiones el brote debutante no interfiere significativamente en la vida de la persona, y ésta continúa haciendo su vida, sin pasar por los servicios de urgencia, con un estado físico casi preservado completamente, pero con una clave cognitiva activada que rememora acontecimientos estresantes pasados a los que no atendió.  Esa “clave cognitiva activada” ese pensamiento generador de angustia podría ser “esto que me ha ocurrido se parece a lo que me paso antes pero más fuerte” y esa clave de pensamiento, activa igualmente una clave emocional, la angustia y el miedo; que se activan ante la ausencia de respuesta que pueda solucionar el problema o la amenaza real a la que la persona se enfrenta.
Pero en otras circunstancias, el debut clínico de la enfermedad con un brote, requiere ingreso en servicio de urgencias, pruebas diagnósticas, emisión de un diagnóstico diferencial y cita programada a neurología.
Bajo esta circunstancia vital, el estresor ya está activo y la persona se enfrenta de forma consciente por primera vez a su acontecimiento vital estresante, lo que no indica que sea la primera vez que lo vivencia, pero sí la primera vez a la que le presta atención consciente, dada la interferencia en su vida diaria y la severidad de los síntomas presentados.
Según indican Ribera-Navarro y cols (2001) 1 “el diagnóstico suele ser un acontecimiento vital estresante que conlleva consecuencias psicológicas y sociales, además de las físicas” Además las personas afectadas por esclerosis múltiple, según autores como Tesar, Baumhackl, Koop y Günther et als. (2003)2 “tienen más probabilidad de sufrir alteraciones psicológicas que la población general”. A su vez, Siegert y Abernety, (2005)3, establecen que las personas afectadas por esclerosis múltiple “presentan más probabilidad de sufrir alteraciones psicológicas que otros grupos de  pacientes con enfermedades crónicas”, siendo según Sá (2008)4 “la ansiedad y la depresión las manifestaciones psicopatológicas más prevalentes”. Para Feisntein (2011)5 ambas alteraciones o trastornos se  sitúan en  con un “57%” la prevalencia de la depresión en la esclerosis múltiple mientras que la ansiedad estaría en el “34%” según (Smith y Young 2000)6.

Queda claro por tanto que el estrés es mucho más que un término de seis letras.

En ambos casos, ¿hasta qué punto podemos afirmar que las consecuencias de este acontecimiento vital estresante, fase pre-diagnóstica o fase diagnóstica, solo genera alteración o trastornos en este período determinado de la vida de la persona afectada? O dicho de otra forma, ¿el estrés derivado por este acontecimiento vital y estresante, genera un impacto mantenido en el organismo, y por tanto en el estado de salud físico, psíquico y social de la persona?

Estrés, un término al que recurrimos con mucha frecuencia para enmascarar otras circunstancias y estados físicos, mentales y emocionales, que no siempre se relacionan o tienen su origen en la salud de las personas o en sus procesos de enfermedad. Sin embargo, tanto “consumo, uso y abuso” del término, ha podido llegar a desgastar y oxidar el término en su más estricto significado y en su verdadero impacto sobre la salud.

En esclerosis múltiple sabemos que la los acontecimiento vitales estresantes, y su estrés derivado, generalmente de naturaleza emocional, se asocian a la predicción de brotes y pseudobrotes como se muestra en el estudio de Casas LF y cols  (2016)7 “Impacto del estrés y de las variables psicosociales en el curso clínico y en la calidad de vida de los afectados por la esclerosis múltiple“ que concluye entre otras cosas, que “...los acontecimientos vitales estresantes,(AVEs) así como el impacto emocional que generan, eran buenos predictores del número de brotes padecidos durante los 18 meses”. En definitiva, el estrés es un predictor de la aparición de brotes y pseudobrotes en la esclerosis múltiple remitente recidivante (EM RR).

Además en este mismo artículo se presenta referenciada literatura que evidencia la asociación entre el estrés y la aparición de brotes y estados de agravamiento de la esclerosis múltiple asociados directamente al estrés y a los acontecimientos vitales y estresantes.
Así, por ejemplo, en las formas progresivas, el estrés provocaría mayor deterioro, avance y progresión sintomática. A veces este impacto por estrés en las formas progresivas de la enfermedad, repercute en un sólo síntoma, como la espasticidad, por citar uno. Este impacto “limitado” en lo referente al número de síntomas agravados, pero significativo en su intensidad y severidad, se asocia por parte de la persona afectada al curso mismo de la enfermedad, desechando en todo momento por parte de la persona que pueda tratarse a la influencia estresante de una situación vivida anterior o presente y por tanto al estrés.

Y sólo cuando hay una asociación temporal directa y simultánea, la vivencia de un acontecimiento vital estresante y su repercusión emocional de alta intensidad, (la muerte de un familiar, pérdida de un trabajo, separación afectiva de una pareja), etc, el agravamiento del estado físico de la persona, en las formas progresivas de la enfermedad es asociada de forma consciente al estrés percibido. Bajo esta situación concomitante la persona sí es consciente de cómo el estrés causa y empeora su salud.

De forma que el estrés es realmente percibido como amenaza cuando su impacto es ya irremediable y por tanto, la temporalidad deja de ser una variable manejable por la persona afectada.

Esto es indicativo de la necesidad de formar a la persona afectada por esclerosis múltiple sobre qué indicadores son predictores de una situación de estrés mantenida en el tiempo, y no de un estado temporal, limitado y concreto. Pero igualmente importante es que los profesionales sanitarios que inciden en el seguimiento del proceso de enfermedad conozcan los indicadores psicológicos del estrés. Además la humanización en la atención sanitaria, que pase por una mejor comunicación profesional-persona afectada ayudará no sólo a la comunicación sintomática del estado de la enfermedad por parte de la persona afectada para resolver dudas, sino también en anticipar por parte de la persona afectada otras causas, que puedan estar influyendo en el curso y pronóstico de la enfermedad. Y esto repercutirá en la adherencia terapéutica y la relación profesional-persona afectada.

La pregunta sería ¿podemos disminuir las claves cognitivas que el estrés genera formando e informando a las personas afectadas? Sin duda, sí.

Aprender a conocer qué factores psicosociales son generadores de estrés, que consecuencias provoca en la vida de la persona afectada, qué recursos se ponen en marcha para intentar superar la situación y sus consecuencias sintomáticas y si son útiles y eficaces para neutralizar el estrés, es fundamental para evitar las consecuencias del mismo en el estado de salud de la persona afectada.

Que la persona afectada por esclerosis múltiple, intente por sí misma controlar una situación que le está generando malestar, es totalmente normal y adecuado. Sin embargo, la persona ha de poder reconocer por sí misma, si la situación estresante se mantiene o no y si los indicadores de estrés le están afectando o no.
A veces, y en muchas ocasiones, la persona pasado ya el acontecimiento vital estresante, tiende a enmascarar sus consecuencias físicas que la persona pueda estar percibiendo sintomáticamente. Esta forma de enmascarar las consecuencias físicas, psíquicas y emocionales que el estrés ha generado, independientemente de que la situación haya desaparecido ya, son la evidencia de que la sintomatología pos-estrés está brotando y por ende, el impacto sintomático de la esclerosis múltiple se agrava.
La pregunta es; ¿por qué la persona afectada no comunica el malestar derivado de un acontecimiento vital estresante? Y ¿por qué pasado ese acontecimiento, la persona afectada por la enfermedad no comunica la persistencia de los síntomas indicadores del estrés y su interferencia en su estado de enfermedad?

Una de las principales razones, es que al igual que la persona afectada creía en un principio que el acontecimiento vital estresante era temporal, cree que el impacto sintomático pos-estrés, también es temporal. Esto significa que la persona afectada, espera a que la situación tienda a remitir por sí sola, hasta el punto de extinguirse por completo. Para ello y previamente la persona hace una valoración subjetiva del impacto y consecuencia que el síntoma está provocando, es decir, valora si el agravamiento del síntoma o síntomas, son realmente significativos y merecen asistencia o espera a que desaparezcan poco a poco.
Otros de los motivos, y valorando en muchas ocasiones por parte de la persona afectada, que la consecuencia pos-estrés y el agravamiento sintomático es realmente significativo, la persona no actúa tras valorar las consecuencias que en su estado tendría la asistencia a un dispositivo de urgencias y la medicación que pueda derivarse para neutralizar el agravamiento, ¿Por qué?
Generalmente cuando la persona no valora como positivo acudir a su médico o al dispositivo de urgencias, en mente tiene preconcebida la idea de que la medicación que pueda derivarse para neutralizar el agravamiento, pueda repercutir más de lo que pueda ayudar. En ocasiones estas ideas o pensamientos no tienen una base o evidencia científica, pero sí se sustenta en lo que la persona afectada Cree realmente y esa Creencia, como constructo psicológico es más poderosa en ocasiones que muchos estudios publicados en las mejores revistas de impacto.

En este pensamiento se apoya muchas veces la naturaleza de los tratamientos medicamentosos para los casos de esclerosis múltiple, inmunomoduladores, inmonosupresores, etc), la valoración de las mejorías percibidas en las experiencias previas, efectos secundarios derivados de otras ocasiones, etc. Consecuencias todas ellas que hace que la persona deseche la posibilidad de mejorar porque cree realmente que acabará empeorando. La pregunta sería ¿por qué en las personas afectadas por esclerosis múltiple, la medicalización no siempre es valorada como una opción, pese a las consecuencias reales de la enfermedad? En su momento intentamos dar respuesta a esta cuestión bajo la entrada de 2015, pero actual a día de hoy; El Brote y su proceso decisional.

Y una tercera razón, y por ello no menos importante, para desechar la asistencia por parte de la persona, es entender, comprender y asimilar, que el estrés vivido y su consecuencia en forma de impacto en la salud, es evidencia de que la persona, no está tan bien como cree estar. Y muchas veces este pensamiento dual, estado ideal-estado real, implica dos dimensiones. La primera; reconocer que los síntomas que reconocen asociados a la enfermedad que se padece, esclerosis múltiple, se están agravando. Y reconocer que mental y emocionalmente la persona no está “tan entera” como cree estar, y esto no es nada fácil. Sin embargo, reconocer ésto supone un paso definitivo en el afrontamiento psicológico del proceso de enfermedad ya que vinculado a éste reconocimiento, esta explícita la idea de precisar ayuda.
Por tanto, esta valoración mental de estas dimensiones, implica estrés. De esta forma el círculo vicioso de la respuesta o mejor de la no respuesta ante el acontecimiento vital estresante inicial en el momento pre-diagnóstico de la vida de la persona, cierra su ciclo agravando todo el estado descrito anteriormente.
Lo que en un momento concreto de la vida, la persona afectada vivió como acontecimiento vital estresante y pasó, generó de forma subyacente un estado sintomático de agravamiento que en otro momento vital distinto, la persona vuelve a vivenciarse como un nuevo acontecimiento vital estresante, un brote, un empeoramiento significativo, una necesidad de tratamiento, un síntoma mantenido en el tiempo, una secuela nueva, o una necesidad de ayuda profesional que antes no se barajaba.
Y es así como el estrés agudo, el que presenta impacto a corto plazo, se presenta como estrés crónico y mantenido en el tiempo, con impacto en la salud a largo plazo por la respuesta aprendida de nuestro organismo a defenderse de las amenazas.

Esta modificación en la respuesta del estrés, puede ser controlada y neutralizada pero la persona afectada por esclerosis múltiple y sus familiares han de conocer cómo. Las asociaciones de pacientes, las diferentes asociaciones de esclerosis múltiple, como la nuestra propia, Asociación Granadina de Esclerosis Múltiple, tienen aquí un papel imprescindible en el abordaje psicosocial del proceso de enfermedad y en la prestación psicológica de ayuda para afrontar las situaciones emocionales derivadas del proceso de enfermedad.

Un ejemplo claro del impacto del estrés, es el que vivió una persona afectada por esclerosis múltiple remitente recidivante que hasta el momento presentaba un buen estado físico. En nuestra entrada del blog  “El Poder de la Mente I y II parte”, se define claramente el papel que el estrés que la persona afectada puede llegar a encubrir, disfrazar, y por tanto las consecuencias que puede provocar. Pero desgraciadamente este caso real, no es el único en personas afectadas por esclerosis múltiple.

Por tanto, y cómo hemos visto en la entrada, nos hemos realizado muchas preguntas para intentar dar a conocer el papel modulador del estrés en la vida de las personas afectadas por esclerosis múltiple. Preguntas que requieren respuestas y además acciones que permitan identificar, abordar y tratar el estrés derivado, teniendo siempre presente que la naturaleza crónica y progresiva de esta enfermedad lleva consigo un desgaste psicológico y emocional importante.


Bibliografía.

1.    Ribera-Navarro, J., Benito-León, J. y Morales-González, J.M. (2001). Hacia la búsqueda de dimensiones más específcas en la medición de la calidad de vida en la esclerosis múltiple. Revista de Neurología, 32(8): 705-713. 
2.    Siegert, R. J. y Abernety, D.A. (2005). Depression in multiple sclerosis: a review. Jounal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry, 76: 469-475.
3.  Sá, M. J. (2008). Psychological aspects of multiple sclerosis. Clinical Neurology and Neurosurgery, 110: 868-877.
4.   Feinstein, A. (2011). Multiple sclerosis and depression. Multiple Sclerosis Journal, 17(11): 1276-1281.
5.     Smith, S. J. y Young, C.A. (2000). The role of affect on the perception of disability in multiple sclerosis. Clinical Rehabilitation, 14: 50-54.
6.  Casas LF, Planas M, Pérez MEG, Torrentà LR. Impacto del estrés y de las variables psicosociales en el curso clínico y en la calidad de vida de los afectados por la esclerosis múltiple. Cuadernos de medicina psicosomática y psiquiatria de enlace. 2016;(118):36–48.




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Autor del Blog y de la entrada
Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 Nº Col AO 04033.
AGDEM
Granada, España