viernes, 5 de agosto de 2016

¿CÓMO TE AFECTA EL TIEMPO?

Intentamos buscar alguna correlación entre cómo afecta el tiempo a la severidadd sintomática que podéis percibir en esclerosis múltiple.


Os presento el siguiente cuestionario por si deseáis rellenarlo. Como siempre, los resultados serán publicados en este mismo blog.

Gracias por adelantado. 
Un saludo, Alberto.




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Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 Nº Col AO 04033.
AGDEM



martes, 26 de julio de 2016

¿POR QUÉ ELIJO YO MI TRATAMIENTO? LEY DE AUTONOMÍA DEL PACIENTE. Ley 41/2002

En multitud de ocasiones la persona afectada por esclerosis múltiple refiere estados de alta ansiedad por la incertidumbre que se deriva respecto a la elección de su tratamiento. Esta práctica asistencial está basada en un derecho del paciente, que quizás y en la mayoría de los casos, este desconoce. Ocurre que, en ocasiones, se le propone al paciente elegir su tratamiento, incluso el mismo día que se le está comunicando el diagnóstico y la información que se les ofrece para facilitar el proceso de toma de decisiones, son en la mayoría de los casos, un listado de efectos secundarios.

Preguntémonos por tanto, ¿cómo es posible que una persona recién diagnosticada y ante un especialista de neurología, tenga que elegir su propio tratamiento? Esta respuesta sin duda, generará miles de preguntas posteriores, estas son sólo una muestra de las recogidas ¿Cómo afecta esto a la persona que deposita su seguridad clínica, su salud, en el profesional asistencial, su neurólogo? ¿Cómo afecta esto a la relación médico-paciente? ¿qué nivel de seguridad o inseguridad se deriva por parte de la persona afectada a su tratamiento? ¿qué nivel de rechazo de tratamientos tiene esta práctica, tal cuál se viene haciendo? Podría seguir formulando preguntas, pero tal vez sea hora de intentar explicar por qué pasa esto y cómo tendría que suceder.


Un punto de partida, para intentar comprender mejor. Ponte en el lugar de otra persona.

A veces comprender una cosa pasa tan sólo por recibir una explicación clara, sencilla que responda a la inquietud que la persona se plantea. Sin embargo cuando esto no ocurre, en lugar de resolver una pregunta generamos una nueva duda, una nueva incertidumbre. El problema está en que las incertidumbres que se relacionan con el tema de las enfermedades pueden generar más malestar que bienestar.
Cuando se sabe por qué sucede algo, o por qué lo que ocurre es así, aún generando malestar, se reduce la incertidumbre. Para que esto ocurra, la distancia terapéutica es vital, las habilidades de comunicación, es impotantísima y el tiempo invertido en miradas, silencios, etc. resulta esencial.

Pongámonos por tanto en la piel de una persona de unos 38 años, por ejemplo, que después de un período largo de tiempo, donde los síntomas que venía sufriendo desde hace años, sin saber por qué, empiezan a cambiar la vida y sobre todo las cosas que ha de hacer en su vida. Su vida profesional se afectada por algo que no puede controlar, su vida personal se ve influenciada por estados emocionales que no sabe a qué se deben. Sus aficiones se ven interferidas pese a sus esfuerzos. Parece que poco a poco, todo empieza a estar influenciado por tantas cosas que pasan desde hace tiempo, sin saber por qué. Necesitamos una respuesta.
Es pues, esta pequeñísima introducción, un punto de partida que todos nos podemos imaginar. Algo nos ocurre, pero no sabemos por qué ocurre.

De forma que para dar respuesta acudimos a quienes nos pueden ayudar, los profesionales de la Medicina, para averiguar qué causas nos pueden explicar lo que está sucediendo en nuestro cuerpo. Así, nuestro profesional de la medicina comienza a establecer qué pruebas, según que síntomas, serían las apropiadas para intentar obtener una respuesta, un diagnóstico clínico diferencial que explique lo que está sucediendo. Supongamos también, que es mucho suponer en muchos de los casos, que desde un principio todo empieza a estar claro y comienzan a derivar a la persona a los servicios especializados necesarios para las pruebas precisas que puedan confirmar un diagnóstico de esclerosis múltiple. Supongamos además, que una vez realizadas las pruebas, todo apunta, sin duda;  a que efectivamente los síntomas que brotaron en un día, dan explicación a lo que la persona venía sufriendo antes, y por tanto, es evidente, parece claro que todo puede estar debido a un diagnóstico diferencial de Esclerosis Múltiple, pero la persona aún no sabe nada, sólo que están haciendo pruebas.

Casi un año después de todo esto, por ser generoso, la persona es derivada a la consulta de neurología por primera vez, a una consulta específica, si la hay, de esclerosis múltiple. La persona que ya finalizado todas sus pruebas, irá para ser informada de qué causa explican por qué le sucede todo lo que refiere. Por tanto, recibirá información de qué es lo que le pasa. A la consulta de neurología la persona acudirá, como podemos suponer e imaginar ya con cierta incertidumbre y por tanto con cierta angustia. 

Es importante, que imaginemos todo este deambular que tiene que recorrer una persona para obtener una respuesta concreta a lo que le sucede. Esa respuesta dará explicación a por qué nuestro caminar es desequilibrado con tendencia a inclinar nuestra marcha a un lado, por qué nos fatigamos con tanta intensidad o por qué nuestra vista es borrosa. También podremos saber por qué nuestra sensibilidad ha cambiado, sentimos hormigueos o nuestra fuerza ha disminuido. Son tantas cosas que requieren ser explicadas, que se asiste a la primera consulta con la esperanza de que no sea nada grave, pero casi con la certeza de que algo está sucediendo.

Esperamos en una sala, donde además vemos a otras personas que nos hacen pensar, qué puede estar sucediendo. Nuestra angustia crece. Suena nuestro nombre. Es el momento de saber.

La Ley de Autonomía del Paciente, 41/2002.

"Toda actuación en el ámbito de la salud de un paciente necesita el consentimiento libre y voluntario del afectado una vez que reciba la información adecuada y haya podido valorar las opciones"

La Ley de Autonomía del Paciente tiene una finalidad concreta que aunque redactada tal cual, parezca básica es profunda en su desarrollo y complejidad. El objetivo es romper con el parternalismo institucional para hacer partícipe a la persona de todo su proceso potenciando su decisión sobre cualquier otra. Pero como no es mi intención entrar a valorar la Ley o su idoneidad, continuaré con la redacción de la entrada.

Estamos pues ya ante nuestro especialista en neurología quien nos comunicará de una forma u otra el diagnóstico que explique lo que nos sucede. A veces la habilidades terapéuticas para comunicar un diagnóstico crónico, progresivo y discapacitante, deben estar muy bien adquiridas para que la persona que reciba dicho diagnóstico, pueda trabajar el impacto del mismo cuando salga de la consulta. Ocurre que en muchísimas ocasiones, la falta de tiempo asistencial obliga al profesional a prescindir, de dichas habilidades, de forma que el diagnóstico se comunica, como suelen decir las personas afectadas, de forma fría, directa. Una vez comunicado el diagnóstico, la persona se enfrenta a una segundo impacto. La gravedad.
Generalmente, me suelen comunicar que la gravedad del proceso de enfermedad que comunican los especialistas en neurología, no se transmite a la persona afectada, siendo la recomendación principal que no busque información. Sin tiempo para reaccionar y casi en estado de shock emocinal y mental, a la persona se le presenta una batería de tratamientos farmacológicos disponibles para la enfermedad que acaban de comunicar. Se proporciona información sobre cómo se suministran los tratamientos y qué efectos secundarios posibles pueden darse. Hasta ahí bien. Sin embargo ocurre, que una vez explicado esto, el especialista en neurología suele decir a la persona recién diagnosticada que debe elegir ella el tratamiento. Pongámonos en situación.

Acabamos de recibir un diagnóstico de enfermedad crónica, progresiva y discapacitante y además la persona que más sabe de esto, nuestro neurólogo, me está pidiendo que elija el tratamiento qué debo ponerme. Que lo elija yo, recién diagnosticado que no sé nada de medicina y mucho menos de esclerosis múltiple. Acto seguido se suele recibir la "prescripción" de no buscar información en la red. Esto no puede sino provocar lo contrario, saber ¿por qué nos han pedido que no busquemos información? ¿Qué es realmente lo que tengo? mientras retenemos el término esclerosis múltiple en nuestra cabeza. 

¿Cómo es posible que esto suceda así?

A veces, introducir que la Ley obliga a que esto sea así, ayuda. Pero para que la Ley no sea una excusa y si un medio, es necesario mejorar notablemente cómo comunicar un diagnóstico, no pensando en la enfermedad que comunicaremos, sino en la persona que una vez se levante y salga por la consulta, será una persona recién diagnosticada de esclerosis múltiple, la enfermedad crónica que más discapacidad genera en adultos jóvenes. Una enfermedad crónica, que será para siempre, que no tiene cura. Una enfermedad progesiva, que irá a más, pero no sabemos cómo ni cuándo ni con que intensidad evoluciará. Una enfermedad que generará discapacidad de una forma u otra, con unas interferencias u otras, pero cambiará en alguna medida, la vida y la forma de vivir de la persona que está en consulta. Es pues una enfermedad que no puede ser comparada ni con otra, ni con personas que la también la sufran o padezcan (la enfermedad de las mil caras). Es pues una enfermedad que cursa de forma progresiva y con pronóstico impredecible (nadie puede decirte qué pasará, ni cuándo, ni cómo, pero pasará). 
Ayudar a la persona que esté en esa consulta, no es fácil, y no lo será si no trasladamos los por qués  de la forma de actuar que los profesionales implicados. Incluso no será fácil aún siendo el mejor en comunicar el diagnóstico, siendo el mejor en generar confianza y seguridad, siendo el mejor profesional posible. Para que todo esto pueda cambiar, hemos de pensar desde el lugar del otro, de forma que sabiendo lo que ya sé sobre la Ley de Autonomía del Paciente, ¿cómo me gustaría a mi que me recibiesen en esa primara consulta donde tengo que tomar decisiones importantes sobre mi proceso de enfermedad?

La Ley de Autonomía del Paciente da por derecho al paciente, a la persona afectada:
  1. Derecho a la información y a no ser informado
  2. „ Elección entre opciones terapéuticas
  3. „ Consentimiento informado.
  4. „ Instrucciones previas.
  5. „ Derecho a negarse al tratamiento. Y además este derecho implica no tomar represalias.
  6. „ Alta voluntaria.
Además otorga al paciente, a la persona afectada el derecho a la información clínica, que podemos resumir así. 
"El concepto de información clínica integra en una sola definición las llamadas: información asistencial (orientada a la toma de decisiones en relación con un tratamiento o intervención) e información terapéutica (dirigida al cuidado, preservación y mejora de la salud) Resulta obligatorio para los profesionales sanitarios proporcionar a los pacientes y usuarios ambos tipos de información"

De forma que lo que sucede en la consulta de neurología cuando se comunica el diagnóstico, suele ocurrir porque la Ley obliga a que este proceso se cumpla. Otra cosa muy diferente es cómo debiera ocurrir o cómo mejorar estos procesos para que comunicar un diagnóstico y dar a la persona afectada la responsabilidad de elegir su tratamiento, ayude como es la finalidad real, en lugar de aumentar la incertidumbre  la angustia ante el proceso. Además, es importante saber que la persona afectada se adhiere mejor a su proceso de tratamiento cuando mejor se le informa del mismo. 

A veces ocurre, que en la consulta de la Asociación Granadina de Esclerosis Múltiple, cuando explico esto a una persona recién diagnosticada, oigo una frase que me da mucho qué pensar "y por qué no me lo dijeron"
De ahí surgió esta entrada. Hace dos semanas aproximadamente, tres personas me repitieron un argumento muy parecido "como es posible que yo tenga que elegir mi tratamiento si no sé nada de medicina. Yo no soy neurólogo". A lo que siempre respondo lo mismo después de invertir el tiempo necesario para explicar lo que he intentado escribiros en esta enterada. "Estoy seguro, y no me cabe duda alguna, de que si supieran o pudieran hacerlo de otra forma, lo harían. Pero fue así y ya no lo podemos cambiar, ahora toca pensar cómo podemos trabajar hoy"

Entender por parte de la persona afectada, por qué un especialista en Medicina, le da la opción en la decisión de un tratamiento que desconoce, y de una enfermedad que no conocía hasta que se la comunicaron ayudará sin duda, a reducir la distancia terapéutica posible, a generar mayor adherencia a las recomendaciones clínicas que es el servicio propone y a mejorar activamente el papel de la persona afectada tenga sobre su proceso de enfermedad. 

No es mi intención, en absoluto, lanzar piedras sobre el tejado de los especialistas, y sí hacer comprender a la persona afectada por qué se actúa así. Siempre es tiempo de mejorar, y claro que se puede mejorar en el proceso de comunicación. Esa asignatura pendiente será objeto de otra entrada.

En una enfermedad donde la Incertidumbre es el factor común, conocer las respuestas debiera no darse por supuesto. Y en aquellas preguntas que no tengan respuestas, ya sabes "no te hagas preguntas que no puedas responderte"



Espero y deseo haberme explicado con claridad. Si así lo consideras, por favor, comparte o comenta la entrada. De esta forma podremos llegar a más gente.



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martes, 5 de julio de 2016

SÍNTOMAS PSICOLÓGICOS Y SOCIALES DE LA ESCLEROSIS MÚLTIPLE. EL AISLAMIENTO SOCIAL

Las personas tendemos a protegernos siempre de todo aquello que puede resultar una amenaza. En ocasiones la forma de protegernos, lejos de hacernos bien, nos daña más aún. Sin embargo actuamos así porque nadie nos ha dicho cómo hacerlo en estas circunstancias y porque hasta ese momento creíamos que era lo mejor que podíamos hacer.


El Aislamiento Social. ¿Qué es?

El aislamiento social, en el marco del Afrontamiento de Enfermedades Crónicas, es la tendencia creciente que una persona desarrolla de forma voluntaria e intencional para evadir, eludir, rechazar, evitar, aquellas acciones y situaciones sociales que hasta el momento eran propias y típicas en la persona, mediante la exposición de excusas, que en ocasiones faltan a la verdad, es decir que son mentiras, para justificar su decisión de no acudir. 

En ocasiones el término aislamiento social está asociado al concepto de Soledad. Esta asociación se da principalmente cuando hablamos del impacto de las enfermedades en edades avanzadas e incluso en la propia etapa de la vida sin presencia de enfermedad conocida como senectud. El concepto de Soledad puede llevar implícito un componente involuntario, es decir que la persona se sienta sola a pesar de no desearlo e incluso de no estarlo.

En esta entrada trataremos la Soledad como la consecuencia extrema del Aislamiento Social que será referido constantemente como síntoma a identificar asociado a otros procesos psicológicos y emocionales característicos de la enfermedad crónica y de la esclerosis múltiple, generalmente en las fases de shock y negación de la enfermedad.

El Aislamiento Social como Síntoma.

El Aislamiento Social como síntoma, también llamado Tendencia al Aislamiento Social. (TAS) es consecuencia de un estado emocional inestable que sumerge a la persona en un estado de incertidumbre de alta intensidad. Emocionalmente la persona se carga de una ansiedad proyectada por la incertidumbre de cómo será su estado en un tiempo futuro. Esta incertidumbre puede generar mayor vulnerabilidad según la persona acceda a información fiable o no en redes sociales, independientemente de cómo sea o esté su estado físico de preservado. Aislarse Socialmente es una de las primeras reacciones mentales, emocionales y psicológicas que la persona despliega como medida de seguridad y protección.

¿De qué se protege la persona con el Aislamiento Social?

Una vez que la persona vivencia la incertidumbre de alta intensidad, la persona en sus fases iniciales de diagnóstico, un año de desde el diagnóstico,  puede empezar a experimentar crisis de ansiedad a consecuencia de la incertidumbre a la que ha sido expuesta, sobre cómo será su estado físico y mental. No tener respuesta a cualquier pregunta realizada es la mayor causa de incertidumbre emocional conocida en las enfermedades crónicas.

Durante este tiempo, la persona actúa de cara a los demás en la mayoría de las ocasiones sin revelar qué le está sucediendo. Entender que la persona diagnosticada por esclerosis múltiple no desee revelar su estado es algo lógico, pues preservar su intimidad es una decisión que sólo es competencia suya, como no podía ser menos. 
Sin embargo, y en ocasiones, los familiares son los primeros en revelar en secreto lo que está ocurriendo (a una hermana, una tía, una madre, etc) con la condición de que no le hagan saber a la persona diagnosticada , de que ya han sido informados, es una primera forma de descargar emocionalmente el impacto de lo que está sucediendo y un primer síntoma de que el entono sociofamiliar está siendo afectado.

El aislamiento social es por tanto el tiempo que la persona afectada cree darse a sí mismo para ir ganando seguridad, de esta forma la persona afectada cree, erróneamente, protegerse. Y es cierto que necesitan ganar seguridad, pues han iniciado un tratamiento al que tienen que hacerse, han de recuperarse de posibles brotes, o secuelas, y también han de ganar controlabilidad emocional sobre sí mismas (intentar controlar el llanto, evitar la ansiedad en situaciones sociales con presencia de mucha gente, etc) También han de ganar seguridad sintomática, es decir aprenden a manejar las interferencias físicas que la enfermedad vaya generando, más fatiga, menos tolerancia al calor, menos fuerza en general....

El problema está en que el aislamiento social se establece cómo síntoma cuando la persona empieza a usarlo. Esto significa que la persona empieza a evitar, por ejemplo, verse con los amigos, y la excusa o justificación que expone, en muchas, muchísimas ocasiones no es del todo cierta, porque de serlo, los amigos tendrían que conocer qué le ocurre y cuál es la enfermedad que padece. Que esto ocurra, también significa que la persona tendría que exponerse al miedo y la incertidumbre de qué opinarán y cómo reaccionaran sus amigos al conocer el nuevo estado de la persona afectada. Y por el momento, eso vendrá más tarde.

¿Cómo se establece un aislamiento social como síntoma?

Cuando la persona usa el aislamiento social como excusa. "no me apetece, no me encuentro bien, no he dormido bien, estoy echo polvo, iré más tarde, tengo cosas que hacer..." y realmente nada de esto es verdad en ese mismo momento, el aislamiento social pasa a ser un síntoma.

El Aislamiento Social como síntoma significa que la persona bajo un criterio emocional inestable, y estable en tiempo es decir perdurable, la persona recurrirá a estas excusas para no exponerse socialmente por miedo a ser juzgado, rechazo y no aceptado por su nuevo estado de enfermedad.

En ocasiones la excusa más usada para mantener este comportamiento de aislamiento social, es la incomprensión o mejor dicho el miedo a no ser comprendidos. En este momento toca recordar nuestra frase terapéutica que tanto repetimos en la sesiones individuales "Nunca serás comprendido como a ti te gustaría serlo, ni tan siquiera por la persona más importante para ti. Esto no implica que no lo seas, pero sí que no lo serás como te gustaría, porque ni tú mismo has terminado de comprender ¿por qué?"
Cuando esto ocurre la identificación con otros grupos de personas en su misma situación de enfermedad, a través de las redes sociales, rompe su estado de incomunicación social, que no su estado de aislamiento social. La persona establecerá un criterio de empatía con cada persona que vivencia de forma parecida a la suya, su enfermedad, aunque no sean personas que se conozcan realmente, sí virtualmente. El uso de las redes sociales, vendrá bien para normalizar el estado de inseguridad que la persona vivencia y expresa, y podrá ser un aliciente para superar la barrera y normalizar así nuevamente su componente social en su círculo más cercano, sus mejores amigos.

¿De qué es síntoma el Aislamiento Social?.

Muchas veces, cuando hablo con alguien en consulta, incluso en su primera consulta y me da señas de aislamiento social, "(he dejado de ver a los amigos, hace tiempo que no salgo, ya no voy al gim, he dejado la facultad, abandoné el cuso que estaba haciendo...)" estás son las preguntas que suelo formular:

  1. ¿Lloras con facilidad cuando estás solo?
  2. ¿Tiendes a no llorar cuando estás acompañada de tu madre, hijo, padre, abuelo...?
  3. ¿Recurres constantemente a tu pasado, a cómo estabas justo antes de tu diagnóstico?
  4. ¿Has dejado de hacer cosas que antes te generaban placer, que te gustaban y eran típicas en ti?
  5. ¿Tienes problemas para dormir porque no puedes dejar de pensar?
  6. ¿Te cuesta no pensar en tu futuro?
  7. ¿Has tenido o tienes ansiedad que no puedas controlar?
  8. ¿Intentas aparentar que todo está bien, pero sabes que en el fondo solo estás actuando?
Cuando la respuesta es afirmativa en 4 de estas preguntas, la persona está expresando sintomatología depresiva. Por tanto el aislamiento social es un síntoma que puede reflejar estados depresivos en la persona. No se ha de considerar como algo aislado con identidad única, sino como un síntoma o signo estable de algo más profundo y con naturaleza emocional y psicológicamente disruptiva en la persona. Esperar a que pase, a veces es un error.

Cuando el aislamiento social desemboca en Soledad, la capacidad para iniciar, mantener y conservar las relaciones sociales que antes eran satisfactorias, se convierte en una carencia emocional que interfiere y modifica las aptitudes sociales y la actitudes de socaibilidad de la persona. Es entonces cuando oímos frases como "yo antes no era así, era extrovertido, tenía amigos, me relacionaba con la gente sin problema..."

¿Cómo se supera el Aislamiento Social?

No. La respuesta no es tan evidente cómo puede suponerse al leer la pregunta. Y no. No hay una barita mágica, ni una receta estándar que te diga cómo superar todo. 

Por tanto hemos de partir de un supuesto. Reconocer que nos estamos aislando socialmente y que estamos poniendo excusas que en ocasiones no son del todo ciertas.

 En este momento, recurro a otras de las frases terapéuticas usadas en consultas "¿te gustaría que te dijesen a ti algo que no es cierto para no verte?. Entonces aplícatelo".

Renconocido este supuesto, y por ende, esta verdad, superar el aislamiento social pasa por identificar los síntomas basales del estado depresivo, evaluar el criterio depresivo y hacer frente a la depresión diagnosticada, esto es, trabajar en sesión clínica mediante psicoterapia individual y grupal qué componentes emocionales y psicológicos son los que están generando el estado depresivo. No olvidemos que el aislamiento social en un sólo síntoma de la depresión, pero que ha de darse irremediablemente para sufrirla.

Por tanto la solución pasa por trabajar con un profesional, qué es lo que emocionalmente nos deprime, y trabajar el proceso de enfermedad crónica desde el punto de vista psicológico con cualquier de los enfoques que han mostrado validez para ello.
De forma que si reconces este estado en ti, ponte en contacto, por ejemplo con tu asociación y pide cita a tu psicóloga o psicólogo para que evalúe y diagnostique el criterio depresivo.

¿Qué es un depresión? ¿y qué es un criterio depresivo?

Una depresión es una enfermedad, trastorno, (trastorno del estado de ánimo) temporal o persistente, de naturaleza psíquica y emocional que modifica la forma de pensar, sentir y actuar de la persona respecto a sí misma, su mundo (vecinos, amigos, trabajo, familia...) y sobre su futuro. Estas modificaciones alteran el sistema de creencias de la persona, la actitud de la misma para hacer frente a la vida y sus adversidades y por último impacta con alta intensidad en lo que la persona cree sobre sí misma.
En definitiva un estado depresivo hace ser a una persona totalmente distinta a cómo era antes de deprimirse.

Un criterio depresivo es el grado de severidad de una depresión. Cada criterio depresivo debe cumplir un requisito sintomático en duración, frecuencia e intensidad.

En otro momento y en otra entrada profundizaremos en la Depresión.



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lunes, 27 de junio de 2016

LA DISCAPACIDAD Y LA INCAPACIDAD

Es muy común, cada vez más encontrar personas diagnosticadas por esclerosis múltiple que presentan dudas sobre la discapacidad y la incapacidad. Dos términos que significativamente pueden darnos una idea parecida, pero que funcional y administrativamente presentan diferencias importantes.

¿Qué es la discapacidad? 

El término discapacidad, a veces llamado minusvalía, es el que está asociado al proceso de enfermedad en sí. Es por tanto una deficiencia física, psíquica o sensorial, transitoria o permanente (secuela previsible) causada por la propia naturaleza de la enfermedad. A veces una persona con discapacidad puede no presentar incapacidad. 

En el caso de la Esclerosis Múltiple, una lucha ya de algunos años, es el reconocimiento del grado mínimo de discapacidad con la atribución de un diagnóstico de esclerosis múltiple, es decir que estar diagnosticado por esclerosis múltiple requeriría el reconociendo de la discapacidad al menos en un 33%, grado mínimo de discapacidad. No olvidemos que hablamos de una enfermedad, crónica, progresiva y discapacitante. Es decir que en la propia naturaleza de la enfermedad está implícita y explícita la interferencia, alteración, minusvalía o discapacidad previsible en forma de secuela atribuible a la enfermedad.

¿Genera discapacidad la Incapacidad? A veces sí, a veces no. La discapacidad no es regla suficiente, aunque sí necesaria, para el reconocimiento de la incapacidad. Cuando el grado de discapacidad es superior al 65% la persona pasaría a ser retribuida por una pensión contributiva o no contributiva, según sea su situación personal.

La discapacidad por tanto es la relación entre el proceso de enfermedad y la interferencia (secuela) que esta genera en el desarrollo de las actividades de la vida diaria para la persona afectada.

Dentro de la discapacidad, identificamos el siguiente baremo.
  1. Discapacidad nula. La calificación de esta clase es 0%.
  2. Discapacidad leve. Le corresponde un porcentaje de entre el 1–25%.
  3. Discapacidad moderada. Le corresponde un porcentaje de entre el 25–49%.
  4. Discapacidad grave. Le corresponde un porcentaje de entre el 50–70%.
  5. Discapacidad muy grave. Se le asigna un porcentaje de entre el 75–100%
Para acceder a más información sobre cómo se valora la discapacidad, puedes pinchar aquí

Entonces ¿qué es la Incapacidad?

Si la Discapacidad está asociada a la naturaleza de la enfermedad en sí, la Incapacidad se asocia al proceso de interferencia que esta enfermedad genera en el desempeño de la actividad laboral exclusivamente.

Por tanto la incapacidad es un concepto administrativo, jurídico que evalúa cómo de afectado queda el desempeño laboral, y por tanto profesional, de una persona asociado o no, al proceso de enfermedad, y no la discapacidad. Esto es muy importante comprendedlo bien, porque a veces ocurre que una alta discapacidad no correlaciona con la incapacidad laboral, y viceversa, puede ocurrir que una incapacidad laboral permanente no esté asociada al reconocimiento de la discapacidad, aunque es raro, pero puede darse. Es por tanto una relación o ausencia de la misma entre el estado de salud de la persona y su trabajo.

A tener en cuenta en la relación Incapacidad organico-funcional (estado de salud) y desarrollo profesional.


  1. No existe, o tiene por qué existir una relación directamente proporcional entre la intensidad de una lesión y su posible repercusión laboral.
  2. No toda incapacidad órgano-funcional deriva necesariamente en una incapacidad profesional.
  3. Un pequeño déficit o merma funcional no incapacitante a nivel general puede producir una incapacidad profesional específica, sobre todo en sectores muy especializados y/o específicos
  4. Por tanto la incapacidad está ligada al desempeño profesional y en función de las aptitudes requeridas y mermadas por el estado de salud, así serán.

Dentro de la incapacidad podemos diferenciar:
  1. Incapacidad laboral temporal o baja laboral. Es el período que por Ley se otorga a la persona para reponerse de sus aptitudes y así pueda desempeñar su puesto de trabajo con normalidad. Prorrogable según la valoración médica.
  2. Incapacidad parcial es el reconocimiento de un 33% de la merma de las capacidades y por tanto de las aptitudes profesionales que no impiden el desarrollo de las competencias requeridas para el puesto de trabajo.
  3. Incapacidad Permanente. Es el reconocimiento de la inhabilitación total para el desarrollo del puesto trabajo actual. En este caso la persona cobraría una pensión en función de sus condiciones e historial laboral.
  4. Incapacidad absoluta. Es cuando el reconocimiento de la inhabilitación se extiende a cualquier puesto de trabajo. La persona no podría trabajar.
  5. Incapacidad por Gran Invalidez. Es la situación del trabajador aquejado de Incapacidad Permanente y que además como consecuencia de las perdidas anatómicas o funcionales necesita la asistencia de otra persona para realizar los actos mas esenciales de la vida diaria, tales como vestirse desplazarse, etc.
Cada grado de Incapacidad correlacionará con una prestación, temporal o permanente de naturaleza económica a valorar individualmente.

Cuando hablamos de incapacidad, hablamos de cómo resultan alteradas las aptitudes, las habilidades que la persona desarrolla en su desempeño profesional.


¿Si me reconocen la discapacidad, me han de reconocer la incapacidad?

No necesariamente han de ir unidas y han de ser proporcionarles en gravedad y severidad. Tanto es así, que la presencia de una no ha de conllevar necesariamente la presencia de la otra.

¿Cómo repercute esto en la persona afectada por esclerosis múltiple?

El reconocimiento de la discapacidad es algo necesario para la persona afectada por esta enfermedad. Una vez concedido, hemos de tener claro que a lo único que accedemos es a nuestros derechos. De forma que la discapacidad es o debiera ser un derecho al que cualquier persona diagnosticada pudiera acceder tras ser diagnosticados por esta enfermedad. Derechos que se debieran ver reflejados en las necesidades sociosanitarias asistenciales que requiere mantener la calidad de vida, tras la merma de autonomía funcional, psíquica y sensorial que la persona afectada en cualquiera de sus tipologías, pudiera sufrir. Pero no sólo eso, es un derecho que debiera hacerse extensible a los familiares de las personas afectadas, ya sean cuidadores principales o no.

Sin embargo la valoración de la incapacidad repercute sólo en aquellas personas afectadas por esclerosis múltiple que están desarrollando actividad profesional, Esto es importante porque en función de este reconocimiento, las personas afectadas por esta enfermedad podrían acceder a una serie de recursos y derechos socio laborales que les facilite en función de la valoración de la incapacidad un desarrollo óptimo de sus funciones profesionales.

En uno u otro caso, ya sea discapacidad o incapacidad laboral, es lógico pensar que ambos conceptos han de repercutir emocionalmente en la persona afectada, personas en plena edad laboral, con rangos de edad media que no llegan a los 45 años, con proyectos de vida en plenitud emocional. Hacer frente a todo esto no es fácil. Necesitamos entender, comprender cómo se pueden sentir las personas afectadas por esclerosis múltiple que acceden al reconocimiento de la discapacidad o son valoradas para la incapacidad laboral, para intentar hacernos una idea sobre que ya sea un criterio u otro, cada persona hubiese preferido seguir con su vida tal cual se daba antes de la enfermedad. Acceder por tanto a la discapacidad o a la incapacidad es una opción a la que tienen todo el derecho, a la que les hubiese gustado no acceder nunca.

No se trata por tanto de una tarjeta de aparcamiento, ni de una reducción de impuestos, o de unas ayudas concretas u otras. No se trata de trabajar menos o en condiciones diferentes. Se trata de que la persona que antes no reclamaba esto es porque no estaba diagnosticada y cuando lo reclaman es porque su enfermedad les da el derecho de hacerlo, ¡ojalá no lo hubieran hecho nunca!

Y reconocer todo esto implica en su lectura profunda, el reconocimiento institucional de la carencia de recursos socio sanitarios necesarios para seguir generando autonomía personal, funcional, orgánica, social y psíquica, es por tanto el reconocimiento de la discapacidad de las instituciones y de la incapacidad empresarial para seguir contando con personas, no con sus enfermedades.


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domingo, 22 de mayo de 2016

JOVENES, REDES SOCIALES Y ESCLEROSIS MÚLTIPLE

A continuación os dejo la presentación que hice llegar para las jornadas del sábado en Murcia.

Espero que os resulte interesante.



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Alberto José Ruiz Maresca.
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Granada, España.

martes, 17 de mayo de 2016

101 Millones de Gracias Valientes.

Titánica Solidaridad.101 Motivos de Esperanza


Hace ya cuatro años, una persona afectada por esclerosis múltiple me dijo en uno de esos días de bajón, con lágrimas en los ojos, y con la rabia contenida que la impotencia le generaba, mientras me miraba con su faz tensa con y sus labios apretados: "me voy a tatuar una puta neurona para que nunca se me olvide esta mierda de enfermedad" Yo le contesté "Y por qué no te grabas una S de Supermán, porque eso es lo que eres, superar todos los días todo lo que dices, no lo hace cualquiera, y tú lo estás logrando, no sin problemas, pero sin rendirte a pesar de todo"

Poco meses después nació SuperVivientes, y la S no fue tatuada en la piel de Sergio Cáceres, sino que sería un símbolo más, perdido en este mundo virtual. Sergio nos regaló este logo, su tatu inmortal.
Así fue como SuperVivientes nació para hacer consciente a las personas, del esfuerzo que las personas afectada por esclerosis múltiple tienen que hacer a diario. 

Hoy ese esfuerzo ha sido encumbrado por la solidaridad titánica de tres personas. Tres personas que han querido hacer visible ese esfuerzo, el de las personas afectadas por esclerosis múltiple en su día a día. 
#101Ronda, 101 Motivos por las personas afectadas por esclerosis múltiple, ha sido la causa que Mili, Jose Alberto y Manuel encontraron para llenarse de fuerzas, si es que le faltaban.

Antes de su gesta impagable, tuvimos la oportunidad ambos de intercambiar algunos mensajes. Mili, estaba nerviosa, y sentía la responsabilidad de llegar a la meta en nombre de todos. Algo que dice mucho de cómo es, para todas esas personas que no la conocemos personalmente.


Pero lo que más me llegó, lo que Mili me transmitía en sus mensajes es su gran humildad. Su pensamiento no estaba en ella, sino en todas las personas afectadas por esta enfermedad, la esclerosis múltiple.


Cuando finalizó su hazaña, Mili me puso un mensaje. Se le percibía exhausta hasta en el propio mensaje, pero también se le percibía eufórica, casi tocando el cielo con sus dedos.
Me dijo, que cuando atravesó la meta le hicieron una pregunta sobre su camiseta y ella respondió "aema, #EsclerosisMultiple, por todos los afectados, ayuda e investigación"
¡Que gesto Mili!, que gesto dedicar tu último aliento a las personas que están afectadas y que no estaban allí. Un último aliento que es el primero para la esperanza, y no el último de tantas personas. No solo eso, me dijo, "lo prometido es deuda" y de esa forma ha generado una deuda que tengo que saldar con ella, tan sólo porque yo deseo saldarla.

No sé cómo agradecerte lo que has hecho. Sólo tengo en la cabeza conocerte personalmente, y lo haré. Necesito darte un abrazo y darte las gracias por tantas personas que conozco afectadas, por las que conozco personalmente y por las que he conocido virtualmente.

Os pido a todas las personas que leéis esta entrada, que por favor, la compartáis, que la gente sepa no sólo la gesta titánica de estos tres valientes, sino que entiendan quienes pueden leer esta entrada, que cualquier cosa que se pueda hacer desde el corazón, nos sirve al resto para generar esperanza.

Alguien podría pensar, 101km, "tampoco tiene mucho mérito si entrena todos los días" Sí que lo tiene, con entrenamiento o sin él, Mili también está afectada por #esclerosismultiple, pero ha creído en ella.



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Autor del Blog y de la entrada
Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 Nº Col AO 04033.
AGDEM
Granada, España.

martes, 3 de mayo de 2016

LOS SÍNTOMAS PSICOLÓGICOS Y EMOCIONALES DE LA ESCLEROSIS MÚLTIPLE: ANHEDONIA.

Son conocidas por las personas que sufren esclerosis múltiple, la cantidad de síntomas a las que han de hacer frente diariamente y temporalmente para poder afrontar las interferencias físicas que la enfermedad les pone en su día a día.
Sin embargo, muchos son los síntomas de naturaleza psíquica, emocional y psicológica que aparecen diariamente y que acaban achacándose a situaciones diversas, enmascarando muchas veces el verdadero valor y poder del síntoma.
Vamos a intentar de forma sencilla, al menos lo voy a intentar, hacer ver a las personas que padecen esclerosis múltiple; qué síntomas psicológicos y emocionales surgen por la presencia en sí del diagnóstico, por la interferencia emocional de cómo afectan los síntomas físicos en la vida diaria, o de los síntomas que se padecen por los trastornos asociados a la enfermedad crónica, la esclerosis múltiple.

¿Es irremediable sufrir síntomas psíquicos, emocionales o psicológicos por estar afectada de esclerosis múltiple? 

Como en cualquier enfermedad, la afectación psicológica, emocional o psíquica, depende cada persona. Hasta aquí nada nuevo. Y depende de cada persona, porque no existe una relación de síntomas que haya que sentir, por estar diagnosticado de esclerosis múltiple. Los síntomas emocionales o psicológicos que se pueden percibir, sentir y sufrir dependen de 3 variables principales.
Cada una de estas causas puede hacer que la persona sufra síntomas emocionales que ha de aprender a identificar para poder dar explicaciones, no a su estado de ánimo sino también a su estado de enfermedad. Los síntomas emocionales y psicológicos habitualmente se esconden, se simulan o se niegan. La anhedonia es uno de ellos.

La Anhedonia.

La primera vez que se utilizó este término fue por Armand Ribot en 1987. Ribot describía un estado mental de determinados pacientes, que no eran capaces de sentir placer ante situaciones que generalmente eran o podían ser consideradas como placenteras. Definió la insensibilidad al placer como anhedonia, al igual que la insensibilidad para el dolor es la anestesia.

Desde entonces, la anhedonia ha sufrido variaciones en su criterio conceptual y por tanto no existe unanimidad en establecerlo como un estado o un rasgo, es decir como algo temporal o permanente, o dicho de otra forma como un trastorno o como un síntoma.

El Manual Diagnóstico Estadístico de las Enfermedades Mentales, en su versión III (DSM III) lo describe como un síntoma asociado a diversos trastornos.

Yo usaré esta definición, breve, sencilla y asumible por todas las personas, recogiendo los criterios básicos que definen el comportamiento anhedónico.
En esta entrada, nos basaremos en la idea de considerar a la Anhedonia como un síntoma derivado de la presencia de otros trastornos psicológicos y asociado a diversas causas, las descritas en la primera lámina.
Generalmente la anhedonia es confundida con otros estados amotivacionales haciendo que no haya una buena identificación sintomática y por tanto asociando los estados anímicos que provoca a otras causas, que en ocasiones la persona afectada no puede explicar o que cuando lo intenta no es comprendida como le gustaría. 
De forma que generalmente se confunde la anhedonia con la apatíal, por ejemplo. Y aunque parecidos, no son iguales y por tanto no representan estados sintomáticos iguales y por tanto no pueden explicar ni conductas idénticas, ni emociones similares ni sentimientos parecidos. Una diferencia básica y clara es la siguiente.

La Apatía consiste en posponer de forma permanente, casi hasta el último momento aciones, decisiones que sabemos que tenemos que hacer y que son precisas hacerlas, aunque no en este preciso momento. Sin embargo en la apatía no está presente de forma irremediable que aquello que aplazamos sea de naturaleza reforzante o interesante, o gratificador o placentero para nosotros.
En la conducta apática, a veces incluso, se pierde la última oportunidad, es decir se sacrifica o pierde aquello que se pospone de forma rotunda, asi po ejemplo,  hemos faltando a una cita, no hemos presentando un papel en el plazo, o no hemos renovado una receta antes de su caducidad con todo lo que ello conlleva.

También se suele confundir con otro término, la Alexitimia. La alexitimia es la dificultad de la persona para identificar y compartir emociones. Generalmente no se comparte porque la persona se siente vulnerable en su yo emcional, de forma que su marco interpersonal se basa sobretodo en su yo racional y analítico. Anhedonia y alexitima se han confundido como términos dado a la presencia de lo que es placentero. Pero la alextimia es algo más amplio, pues emociones hay muchas y no todas son placenteras.

Pero la anhedonia también se confunde con la motivación. La Motivación es un estado necesario que mueve todo nuestro comportamiento orientándolo hacia una finalidad. La motivación no necesariamente ha de ser placentera, aunque desencadene comportamientos que finalmente acaben siéndolos. Un ejemplo es salir de fiesta. En un primer momento no tienes ganas para ello, incluso rechazas ir, y finalmente cuando sales, lo pasas bien.
La Motivación como proceso está asociado a la conducta y por tanto se basa en las actitudes que la promueven. La motivación como estado es vulnerable dado que no es estable y para que lo sea, la gratificación o recompensa que obtengas por hacer aquello que te motiva, ha de ser de muy alta intensidad.

En las enfermedades crónicas, la sintomatología psicológica y emocional que se deriva, nunca viene sola. En el caso de la anhedonia, también ocurre esto. De forma que cuando se detecta un comportamiento anhedónico en una persona, es preciso indagar para conocer si dicho estado forma parte de un conjunto de síntomas basales asociados a otros trastornos, o si por el contrario es un síntoma o conducta aislado, que dicho sea de paso es poco probable. 

De forma que en el caso de la anhedonia, el estado asociado que se vivencia es la desesperanza. Un estado de entrega de rendición ante la sensación, de que haga lo que haga, nada puede cambiar. Cuando en una sesión clínica oímos esto, se nos enciende una alarma que nos indica que es necesario avanzar por un camino concreto durante la entrevista, porque lo más seguro será que la anhedonia es parte sintomática de un trastorno molar con entidad propia. La Depresión.


¿Por qué surge la anhedonia?

Las conductas anhedónicas pueden tener su origen en base a tres estados, en el caso de las enfermedades crónicas, en nuestro caso, la esclerosis múltiple.

  1. Por la Fase de Negación ante el Diagnóstico Clínico de Esclerosis Múltiple. Los estados de Negación psíquica surgen cuando la persona afectada por esclerosis múltiple comienza a percibir la sintomatología física y su interferencia en la vida diaria de su enfermedad. La fase de Negación suele coincidir con la fase de medicación de la enfermedad, es decir, cuando ya no existe duda alguna de que el diagnóstico que se comunicó es la enfermedad que se tendrá para siempre. Ese mazazo emocional genera estados anhedónicos que aíslan socialmente a la persona afectada.
  2. Por la Reactividad de los Síntomas Físicos derivados de la Enfermedad. En ocasiones la persona afectada deja de hacer aquellas cosas que antes hacía y que formaban parte de su estilo de vida, por la presencia de algún síntoma derivado de la enfermedad, de algún brote. Un ejemplo claro es dejar de correr, o de montar en bicicleta o de de tocar un instrumento. En un principio esto ocurre porque la persona no quiere ver, el nuevo límite que la enferemedad está generando. Sin saberlo, la persona deja de hacer lo que antes hacía para no ver que no puede hacerlo. Pero no hacerlo, no implica que se siga pudiendo. Es normal actuar así, aunque lo mejor es reentrenar fisicamente al cerebro y aprender a gestionar la emoción. Nada saldrá como lo hacías antes, al menos al principio, de forma que deberemos aprender a fallar, a corregir el fallo y a sentirnos emocionados cuando el fallo se corrige y no frustrados cuando se falla. 
  3. Por la Presencia de Trastornos Psicológicos Asociados. Casi siempre, ante un diagnóstico de enfermedad crónica y progresiva, lo más lógico, es tener ese momento de bajón, venirse abajo, deprimirse. Pero que esto ocurra, no significa que esto tenga que ocurrir durante todo el proceso de enfermedad, aunque esto es más difícil de ver, comprender y aceptar. Dentro de los trastornos asociados, la Depresión es uno de ellos, y la anhedonia un sítoma basal de la depresión.
Estas son las tres causas posibles que pueden dar aparición a la anhedonia. En todas ellas, o bien como antecedente o bien como consecuente, la Depresión está presente. Es decir la anhedonia puede ser un síntoma que nos predispone a deprimirnos, o puede ser un síntoma que nos avisa de la presencia de una depresión consolidada. Casi siempre es este último caso. Así siempre que vemos la existencia de conductas anhedónicas, debemos sospechar la presencia de un estado de ánimo depresivo y tendremos que indagar.


¿Cómo se puede vencer la anhedonia?

Casi siempre con ayuda profesional, dado que la persona afectada asocia dicha conducta a otros factores existentes en su vida. No es tanto la causa, como la existencia en sí del estado.

Siempre digo, que los estado emocionales y psicológicos de impacto negativo, se acaban venciendo haciendo lo contrario a lo que mentalmente te predispones en un primer impulso (ufff, no salgas de la cama, mira que día (sal, haz la cama, aunque luego te acuestes otra vez)

Pero como hablamos de cosas que para ti eran importantes, placenteras, gratificantes es necesario:
  1. Retomar aquellas que sean posibles. Pero siempre empezando por las más sencillas, que no necesariamente han de ser las más simples. 
  2. Reequilibrar los estados emocionales asociados. Esto es, es necesario partir de un plano objetivo. No pretendas hacer las cosas de la misma forma que las hacía antes. Hazlas y disfruta por hacerlas. Para ello no has de comparar con tu yo nostálgico.
  3. Lo importante no es cómo se hacen las cosas ahora. Lo realmente importante es hacerlas porque lo que ha sido clave para diagnosticar la anhedonia ha sido dejar de hacerlas.
  4. Redescubre tus nuevos placeres. Es necesario descubrir desde tu Yo real y no desde tu Yo nostálgico aquellas cosas que puedan serte interesantes, gratificantes o placenteras. Habrá muchas, pero para descubrirlas, no debes basarte en lo que has perdido, sino en todas las oportunidades que tienes.
Espero haberme explicado en esta primera entrada sintomática. La siguiente será la Depresión.




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Autor del Blog y de la entrada
Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 Nº Col AO 04033.
AGDEM
Granada, España.