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lunes, 30 de marzo de 2020

#QuédateEnCasa. #Día16: El Duelo Sin Despedida


"Mi madre murió sola, yo no pude acompañarla. Tampoco pude ir a su entierro, estoy aislada y en cuarentena" M.A.R.

El #Día5 de esta #cuarentena, escribí sobre el sentimiento de angustia que se podía vivir, al tener un familiar ingresado, y no poder acompañarlo. Introducimos ya una técnica que permitía gestionar la pérdida durante ese ingreso, en el caso de que la persona falleciese, sin explicar, qué sentimientos y emociones, ha de enfrentar una persona que pierde a un ser querido en estas situaciones de confinamiento y aislamiento por el #Covid-19

La semana pasada, fui conocedor de que una amiga mía, perdió a su madre, como tantas otras personas están perdiendo familiares en estos días. En otras circunstancias, nos hubiésemos visto en su velatorio, despedida, incineración, pero no pudo ser.

Nos resulta muy difícil hacer frente ya a la pérdida de seres queridos. Estar en los últimos momentos, o durante todo el momento, acompañando es una forma no sólo de elaborar la despedida, sino que forma parte de un proceso lento en el que la mente se expone secuencial y progresivamente al momento de la pérdida. Esa preparación lenta y con cuentagotas, no alivia el dolor que se expresa después, pero permite a la mente y por ende a la persona, prepararse para la realidad más inmediata que viene a posteriori, la ausencia física de la persona que ha fallecido y la idea de su muerte.

Durante el entierro, la incineración, la última despedida, la mente constata que la realidad ha cambiado, que ya es inamovible y por tanto, la realidad que viene a partir de ahora, es una realidad muy distinta. La persona fallecida, nunca más estará físicamente presente.

Sin todo este proceso de preparación de la despedida, que supone un velatorio, entierro, incineración, etc, para empezar a trabajar física y mentalmente una nueva realidad, ¿cómo podemos comprender psíquica y emocionalmente una situación así de difícil?

Un Duelo Sin Despedida.


Una de las primeras cosas que me gustaría dejar claro, es la necesidad del sufrimiento como un proceso que ayuda a gestionar aquello que mentalmente, por diferentes razones, culturales, religiosas, antropológicas incluso, etc, intentamos no expresar en circunstancias habituales, que no normales.
Sufrir, por tanto, es un proceso que en sí ayuda a la canalización y expresión de las emociones que de alguna forma u otra, por algún motivo u otro, intentamos reprimir psíquica y emocionalmente. Por tanto, el sufrimiento, es algo así como un proceso de catarsis emocional, necesario en ocasiones.
Sin embargo, es la persona en sí la que no está acostumbrada a la expresión y exposición de su propio sufrimiento y del sufrimiento de los demás. De ahí que cuándo es necesario sufrir, muchas veces, físicamente experimentemos sensaciones totalmente desconocidas, pero necesarias.

Nos exponemos al sufrimiento emocional por la pérdida de seres queridos, muy pocas veces a lo largo de nuestra vida, en comparación con el tiempo que vivimos con ellas y ellos. Y muy pocas veces, y en circunstancias muy excepcionales, vivimos la pérdida de un ser querido en situaciones que racionalmente entendemos como excepcionales, algo que no suele ocurrir, como por ejemplo, un atentado terrorista, un catástrofe natural o una situación como la actual, una pandemia sanitaria.




De forma que estamos más habituados a una muerte esperada y acompañada que a una muerta inesperada y en soledad.

Y esos dos matices últimos, son claves para entender y comprender lo que vamos a vivir, si hemos perdido a alguien en esta situación de alerta sanitaria por pandemia de Covid-19.

Este primer concepto, lo excepcional, implica para el familiar sobreviviente, la idea de que si nada de esto hubiera pasado, su familiar seguiría viva, vivo. Esta primera idea, supone para el familiar, la necesidad de comprender una muerte que no es capaz de asimilar en este momento. El componente asociado de en soledad, supone para la persona, para el familiar, una necesidad real de comprender que no pudo hacer nada por revertir esa situación, y además, enfrentarse a lo que nunca hasta el momento ha vivido, no despedir a un ser querido en su fase final. Esta realidad, amortiguada ya la fase de ira, supondrá la vivencia de un sentimiento de culpa, es como si la persona en su foro interno se dijese "le he fallado, justo cuándo más le hacía falta" Sin embargo, a veces queda un resquicio aún donde el componente de muerte excepcional, aparece y la persona se dice a sí misma "...pero es que no pude, no pude hacer nada..." Esta sea quizás, la primera exposición al sufrimiento que está por vivirse.
Después habrá que enfrentarse a la incetidumbre constante de pensamientos sobre ¿habrá sufrido? ¿estaría acompañado?...causantes de una angustia emocional de alta intensidad por no tener respuesta, es el consuelo mínimo que la persona quisiera tener por no estar presente, una muerte sin sufrimiento y con alguien al menos allí ya que no pude estar yo.

¿Entonces cómo puede hacer frente la persona a la pérdida de un ser querido en una situación tan excepcional cómo esta pandemia sanitaria? 



1. Una vida, no es un momento. Psicológicamente el familiar se va a enfrentar una idea. Durante la vida de su ser querido que ha fallecido, ha estado ahí, ha sido feliz en gran cantidad de ocasiones con él o ella, y además ha hecho por él o ella todo lo que ha podido y más. Sin embargo, su mente retendrá en esta primera exposición al duelo que ha de vivir, que le ha fallado al final. El efecto recencia, (recordar más y mejor lo que sucede al final), se hace muy poderoso en este momento , porque además está asociado a un componente emocional y psíquico de alta intensidad, y a una nueva realidad física, la ausencia de la persona a a partir de ahora.  De forma que éste pensamiento, intentará restar importancia a todo lo que la persona ha experimentado en vida, con el ser que ha perdido. Y tendremos que recordar y recuperar lo vivido con nuestro ser querido, al que hemos perdido, para difuminar progresivamente en nuestro recuerdo la idea de que haya fallecido en soledad, sin nosotros acompañándole, no del fallecimiento en sí.
2. La Autocompasión. Psicoloógicamente hablando la #autocompasión es la capacidad que la persona tiene, para eximirse de su propia culpa, ser indulgente consigo misma, perdornarse y todo ello, hacerlo sin juzgarse. 
Pues bien en estos momentos de tanto dolor, has de poner en práctica tu habilidad autocompasiva. Necesitas por tanto, redimir, eliminar todo sentimiento de culpa asociado a ti, que además te vincule emocionalmente a la idea de que la situación hubiera podido ser diferente si... Esta frase que puede recoger uno de los pensamientos automáticos y más repetitivos, supone emocionalmente, que de alguna forma, intentas liberarte de la culpa. Lo que ocurre es que la mente comprende mejor las órdenes concretas y directas, de forma, que es mejor que tu pensamiento elabore la siguiente instrucción "Hice todo lo que pude. Hice todo lo que estaba en mi mano. No es culpa mía. Yo hubiera estado allí, sin duda" Aunque seas consciente de estos pensamientos, es necesario que los evoques y los sustituyas por el primero, porque esto ayudará a comprender que la situación en sí ha sido la responsable de que no se haya podido acompañar y despedir a nuestro ser querido, y por tanto no se trata de que tú le hayas fallado. Esto es importantísimo.
¿Y si yo contagié a mi familiar? Una de las características propias de esta situación de pandemia sanitaria es que la sociedad se enfrenta a algo desconocido y con poca capacidad de control sobre él. De forma que esa misma circunstancias también son aplicables a tu situación personal, no has podido hacer más de lo que hiciste, porque posiblemente, no eras conscientes de estar contagiada o contagiado hasta que se te comunicó que lo estabas. Esto significa que la situación escapaba a tu control, no pudiste hacer nada más, y desde que tuviste conocimiento, hiciste lo que pudiste, de forma que volvemos otra vez al punto de partida. Es la situación tan excepcional, la responsable en sí.

3. Expresa sin miedo tus emociones. La tristeza es una emoción que todos tenemos. Sus sentimientos evocados, la pena, la angustia, el desconsuelo, la infelicidad, etc, son y representa el componente emocional sobre cómo nos sentimos por estar tristes. El afecto, sería por tanto la forma en la que expresamos nuestra emoción y sus sentimientos, con el llanto, por ejemplo.
Cuándo lloramos por un ser querido, estamos expresando vivencialmente la pérdida y el miedo a que el vínculo afectivo que nos une a la persona fallecida se pierda. Y es muy importante expresarlo, porque la mente no sería capaz de expresar todo lo expuesto en los puntos 1 y 2 y no comprender que no se esté triste. En ocasiones la persona verbaliza que no llora, que no puede o que no tiene lágrimas ya. Aún así el estado de tristeza está ahí. También en ocasiones, la persona puede experimentar un sentimiento ambiguo, una mezcla de tristeza y de liberación. La liberación hace referencia a un estado "todo ha terminado. Ya no sufre...."  Este pensamiento a su vez se asocia a una situación mentalmente madurada y anticipada por la persona, mientras que su otro componente, la pena, angustia, tristeza, no es de tan alta intensidad, pero ahí está.
Lo que ocurre, cuando expresamos la tristeza, es que habitualmente acudimos a frases hechas que restan importancia a todo el componente emocional y psíquico que intentamos expresar. Frases como "no te preocupes, estoy bien, bueno ahí lo llevo..."  Instrucciones que intenta restar importancia emocional al sufrimiento. Recuerda que el sufrimiento puede ser un elemento rehabilitador si lo canalizas bien. 
Así en una situación tan excepcional como la muerte de un familiar, que ha fallecido sola, solo, y de la que no hemos podido despedirnos, esas instrucciones anteriores "no te preocupes, estoy bien, bueno ahí lo llevo..."  no son coherentes con el estado real y emocional y por tanto la mente no comprende en sí esas instrucciones. Es necesario por tanto, que te des el espacio necesario para sufrir y expresar tu tristeza y sus sentimientos evocadores, soledad, pena, angustia, orfandad, etc. Y hacerlo significa que tú realmente sabes que tienes esa necesidad e expresión. Hazlo y reparte interiormente

4. La despedida. La despedida significa, psíquica y emocionalmente, y de forma metafórica, que se pasa un página y que se cierra un libro. Es la frase acuñada que tenemos para entender lo incomprensible, la vida continua. Necesitaremos por tanto, cerrar esa página, que no implica olvidarse en absoluto de la persona, ni de temer a la desaparición de sus vínculos contigo. Significa una redención contigo misma, contigo mismo, donde de forma arrolladora, todo lo emocionalmente contenido se expresará en cascada para liberar a la persona de todos los pensamientos y sus emociones por la situación. 
Aplazar tu despedida significa que el duelo se ha perpetuado en una de sus fases más de lo deseado. Y esto ocurre muchas veces en la vida, sin estas circunstancias tan excepcionales. A veces, un duelo se nos hace difícil y por lo tanto se nos hace dis-funcional. Y por ello creemos que necesitamos ayuda para superarlo. 
Y aplazar la despedida, no significa que no podamos ir trabajando nuestro duelo en este momento. Un ejemplo es la entrada anterior que escribí, donde la técnica que te propongo te ayuda a identificar y expresar lo que sientes. Pero si tendrá que llegar, el momento en el que la despedida se produzca y paradójicamente esa despedida supondrá un reencuentro y un equilibrio emocional contigo y con ella, y esto representará una sensación de Paz Interior, contigo misma y con ella (la persona fallecida) El círculo se cierra.
Y la Paz Interior significa un sentimiento de tranquilidad contigo misma por ser totalmente consciente de que tú has hecho todo lo que era posible y dependía de ti. Y no implica no seguir sufriendo y añorando a la persona fallecida, aunque ahora lo haces desde la autocompasión y por tanto desde la autoliberación de la culpa por la situación vivida.

Espero y deseo que este texto te sirva para comprender lo que podemos sentir y pensar en situaciones tan dramáticas como las que podemos estar viviendo


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Autor del Blog y de la entrada
Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 Nº Col AO 04033.

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